Entrevista a Alfonso Andrés, presidente de Inclam

Hay un sinfín de oportunidades en el campo de la mitigación y adaptación al cambio climático

El Grupo Inclam fue galardonado en la última edición de los Premios a la Internacionalización Club de Exportadores e Inversores como empresa española de tamaño pequeño o mediano con una destacable proyección internacional. Fundada en 1986, se trata de una ingeniería especializada en proyectos de agua y cambio climático que obtiene fuera de España el 95% de sus ingresos totales. Alfonso Andrés, presidente de la compañía, afirma en esta entrevista que “hay un sinfín de oportunidades” en el campo de la mitigación y adaptación al cambio climático, pero que todavía “muy pocas empresas” españolas son conscientes de ello.

¿Qué supone para Inclam la concesión del Premio a la Internacionalización Club de Exportadores e Inversores?

Para el Grupo Inclam recibir este premio es, por un lado, un gran reconocimiento a muchos años de esfuerzo constante por llevar nuestra empresa más allá de las fronteras y, por otro, un impulso para continuar en esta línea.

¿Cuáles son las principales áreas de negocio de la compañía?

El Grupo Inclam divide su actividad en cuatro áreas generales: el área de EPC (centrada en obras hidráulicas, plantas de tratamiento, sistemas de instrumentación y energías hidroeléctricas), el área de Proyectos y Dirección de Obra (que cubre el espectro de diseños de ingeniería, proyectos, y dirección y supervisión de obras), el área de Cambio Climático (que incluye consultoría estratégica de CO2 y mercado de emisiones) y, por último, el área de Consultoría (con cuatro ejes principales, que son la ingeniería de agua, los sistemas de gestión de recursos, la modelización y el fortalecimiento institucional). Estas cuatro áreas se complementan con el compromiso de investigación, desarrollo e innovación que siempre ha acompañado a Inclam.

¿Cómo empezó su proceso de internacionalización?

El punto de partida tuvo lugar en Venezuela en el año 1999. Inicialmente, nuestra actividad se centró en servicios llave en mano enfocados al tratamiento de agua. En dicho año, se realizó un exhaustivo estudio de las posibilidades de negocio en el exterior para el tipo de actividades que desarrollaba la empresa. Los resultados obtenidos en el estudio mostraron la necesidad de comenzar un proceso de internacionalización, de tal forma que se fue creando una estructura humana y material para lograr los objetivos marcados.

Entre los años 2008 y 2015, Inclam multiplicó sus ingresos por cinco y pasó de tener un 15% de facturación internacional a tener un 95%. ¿Cómo ha sido posible este cambio en tiempos de crisis económica?

Quizás el aumento significativo de la facturación se debió a que nuestro eje de trabajo dejó de centrarse en el ámbito nacional para pasar a darle protagonismo a la expansión de la empresa. Inclam se adelantó a sus competidores y decidió salir a otros mercados varios años antes de la crisis del mercado nacional. Nuestra estrategia se apoyó por un lado en la idea de minimizar el riesgo y en la voluntad de permanencia. No se trataba de hacer un proyecto; se trataba de desarrollar unos mercados.

¿En cuántos países están presentes hoy en día?

Actualmente, y gracias a su política de expansión internacional, Inclam dispone de delegaciones permanentes en Latinoamérica y Caribe (LAC), así como otras oficinas en España, Europa del Este, África subsahariana y Asia, además de acuerdos de representación estable en estas y otras regiones que refuerzan su presencia en mercados estratégicos. Fruto de este espíritu emprendedor, durante los dos últimos años se han abierto sedes permanentes en Perú y Colombia. En concreto, la oficina de Perú cuenta con más de 45 trabajadores. También se ha explorado el mercado asiático, donde contamos con una oficina permanente en Filipinas. En fin, trabajamos en más de 20 países y tenemos delegación permanente en 14.

¿Hay algún proyecto internacional del que esté especialmente orgulloso?

Quizás el proyecto del que nos sentimos todos los que formamos Inclam muy orgullosos es el que hicimos en Perú en 2015. El objetivo consistió en instalar 65 plantas de tratamiento de agua potable en 65 comunidades nativas que se encontraban en la selva del Amazonas en situación de emergencia sanitaria, a causa de la contaminación de los ríos. Lo más satisfactorio no fue sólo superar la dificultad de llevar las plantas y el material a zonas remotas con difícil acceso, sino comprobar que, pasado el tiempo, todas esas comunidades y sus habitantes han mejorado su calidad de vida. Este proyecto ha permitido reducir las enfermedades diarreicas agudas en un 63%, y en concreto en niños menores de cinco años hemos pasado de un 65% a un 24%. Les hemos dado agua de calidad y esta agua les ha dado salud.

Durante la entrega de los Premios a la Internacionalización, usted destacó la gran competitividad de las empresas españolas en materia de agua. ¿Y en materia de cambio climático?

Como he comentado, el cambio climático es el segundo eje clave de nuestra actividad, y llevamos siempre por bandera la lucha contra el calentamiento global en todos nuestros proyectos. Hoy en día los proyectos relacionados con el cambio climático están en aumento y seguirán así mientras no consigamos concienciar a toda de la sociedad de lo importante que es esta lucha.

En nuestra experiencia particular, hemos participado en numerosos proyectos relacionados con este sector. En Nicaragua, por ejemplo, hemos realizado el Programa Ambiental de Gestión de Riesgos de Desastres y Cambio Climático, que persigue reducir la vulnerabilidad de las poblaciones rurales del país ante desastres asociados al cambio climático. Actualmente estamos realizando también un proyecto que consiste en identificar el enfoque más adecuado, basado en el mecanismo de desarrollo limpio (MDL), para poner en valor la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que resultarían de la considerable cantidad de proyectos de energía renovable que existen en la región de los países del sudeste mediterráneo.

En cuanto a la competitividad de las empresas españolas en esta materia, creo que corre paralela a la medida en que el problema que representa el cambio climático se va interiorizando por el conjunto de la sociedad. En el momento actual, debemos hacer esfuerzos en este sentido porque, en mi opinión, la situación es bastante mejorable. Muy pocas empresas ven el cambio climático como una oportunidad.

¿Qué oportunidades se abren para las empresas españolas tras el Acuerdo de París y la Conferencia de Marrakech?

Está claro que el Acuerdo de París no se podrá cumplir si los países comprometidos no cuentan con el apoyo de las empresas. La empresas son uno de los motores que lleva a la sociedad adelante y es muy importante que sepan adelantarse y ver las oportunidades que les ofrece este acuerdo. Si tenemos en cuenta que se fijó como meta para el año 2020 la aportación de 100.000 millones de dólares anuales de los países desarrollados para ayudar a los que están en vías de desarrollo a solucionar sus problemas de mitigación y adaptación al cambio climático y, además, que se estima que la inversión mundial con estos dos objetivos llegará en 2030 a más de 2,5 billones de dólares anuales, para mí resulta evidente que hay un sinfín de oportunidades y que cada vez habrá más.

¿Cree que la tecnología española está bien valorada en el exterior?

No sólo está bien valorada en el exterior; mi experiencia es que está mucho mejor valorada que en el interior del país. Tiene el marchamo de tecnología europea, sin duda una de las que más confianza genera. Debo decir, además, que esta valoración exterior está más cerca de la realidad que la opinión interior que he mencionado. Tenemos empresas que en muchos campos tecnológicos están a la altura de cualquiera de sus competidores internacionales.

En su opinión, ¿la Administración pública española ayuda de forma eficaz a las empresas españolas en su proceso de internacionalización?

Cualquier actuación es susceptible de mejora y en el caso particular de la Administración pública sería conveniente que se acelerarán los procesos de firma de convenios de doble imposición y la capacidad de influir a favor de las empresas españolas pequeñas y medianas en sus negocios con clientes exteriores. A mi juicio, existe un cierto desequilibrio favorable a las grandes empresas y en perjuicio de las pymes.

Inclam se define como una empresa medioambientalmente sostenible. ¿Qué acciones llevan a cabo para lograr esa sostenibilidad?

En Inclam consideramos que somos sostenibles por muchos motivos. Fuimos pioneros en adoptar la carbono neutralidad como uno de los pilares de nuestra responsabilidad social empresarial. Esto significa que cada año calculamos nuestra huella de carbono, tomamos medidas para reducirla al mínimo posible y compensamos las emisiones de gases de efecto invernadero que genera nuestra actividad en todo el mundo. Inclam es carbono neutral desde 2009, y desde el año 2012 neutraliza sus emisiones a través de un proyecto de reforestación nacional, llamado Refo-Resta CO2, en terrenos improductivos. Por otro lado, lideramos el Registro Nacional de Huella de Carbono del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, siendo del Grupo Inclam tres de los cinco proyectos reconocidos como proyectos de absorción de CO2. Además, cabe mencionar que desde hace muchos años tenemos implantada la norma ISO 14001, algo que ratifica el compromiso que tenemos con la protección y preservación del medio ambiente, una parte esencial de la razón de ser y la visión del grupo Inclam. Estos hitos han sido, entre otros, los motivos que nos han llevado a ganar este año el premio “Somos sostenibles”, otorgado por el Banco Popular, El País y la Cadena Ser.

¿Recuerda de forma especial alguna anécdota relacionada con su actividad internacional?

Hay muchas, desagradables y agradables. Entre las primeras, recuerdo el intento de golpe de Estado de Venezuela en el año 2002, en el que uno de los primeros envíos que hacíamos a ese país y que consistía en ocho contenedores, al no poder ser descargado en el puerto de destino, se distribuyó por las islas del Caribe. Un contenedor en cada isla que hubo que ir recogiendo después. Entre las segundas, recuerdo una comida en Nigeria en la que me invitaron a una ración de caracoles que, cuando llegó, constaba de un solo ejemplar. Eso sí, ocupaba todo el plato.