Entrevista a Fernando Salazar, presidente de Cesce

«En estos tiempos la gestión y el aseguramiento del riesgo comercial son más necesarios que nunca»

Aunque la economía española va a mantener sus cuentas exteriores en positivo, hay factores coyunturales que están afectando a nuestra competitividad internacional y han surgido, además, tendencias “muy preocupantes” a escala global, como el proteccionismo, el populismo y el nacionalismo. Ésta es la opinión de Fernando Salazar, presidente de Cesce, entidad que fue galardonada en la última edición de los Premios a la Internacionalización Club de Exportadores e Inversores. A su juicio, la gestión y el aseguramiento del riesgo comercial “son más necesarios que nunca” en estos tiempos, y para ello las empresas españolas pueden seguir contando con el apoyo de Cesce.

¿Qué supone para Cesce recibir el Premio a la Internacionalización Club de Exportadores e Inversores?

Supone una gran satisfacción. Llevamos casi 50 años trabajando en favor de la internacionalización y somos una de las piezas clave en el sistema de financiación con apoyo oficial. El reconocimiento de nuestra labor por parte del Club de Exportadores e Inversores, como organización empresarial que aglutina a nuestros principales clientes, es muy importante y nos alienta a seguir trabajando por esta vía.

Usted ha sido consejero de Cesce durante varios años. Ahora que es presidente, ¿ha cambiado de alguna manera la imagen que tenía de la compañía?

Sí, una cosa es conocer Cesce desde fuera y otra es hacerlo desde dentro. He descubierto cosas que no conocía o que sólo intuía. Y la más importante es su personal: son profesionales y personas de primerísimo nivel, plenamente volcadas con Cesce y con el servicio que presta a las empresas españolas. Sinceramente, les admiro y me siento profundamente orgulloso de dirigirles.

Cesce está poniendo en marcha y redefiniendo su plan estratégico para 2020. ¿Cuáles son las líneas maestras de ese plan?

Los objetivos y prioridades definidos en el plan son los que aprobamos en el Consejo de Administración en 2017, del que era miembro y en cuyos debates participé activamente. El plan tiene tres pilares bien definidos, con el foco siempre puesto en nuestro cliente: la internacionalización, la digitalización y potenciar a las pymes. El cliente pasa a ser el centro de la empresa y su grado de satisfacción debe ser medido e incluso formar parte de la remuneración variable de nuestro personal. Y la pyme es nuestro principal cliente, aunque muchas veces no sea nuestra principal fuente de ingresos. Para ello estamos lanzando y diseñando distintas iniciativas, entre las que destacan la creación de una Unidad de Pymes en el área de Operaciones por Cuenta del Estado, la consolidación de nuestro Fondo de Apoyo a Empresas (que actualmente es la segunda fuente de financiación no bancaria de España) y la puesta en marcha de nuevos productos y servicios que saldrán al mercado en 2019 y que son de gran utilidad para las pymes.

Más que una empresa, Cesce es un grupo de empresas con presencia en diez países. ¿Tienen previsto expandirse a otros mercados?

Ahora mismo, ésa no es la prioridad. Lo más importante es consolidar y racionalizar las inversiones que ya hemos realizado. Es cierto que nuestra presencia en algunas filiales se puede potenciar y en otras se deberá disminuir, pero no es momento ahora de mirar a nuevos mercados. Además, nuestra principal vocación internacional es Latinoamérica y ya estamos presentes en los principales países de la región.

Desde el Club de Exportadores e Inversores venimos defendiendo la necesidad de aumentar los techos de cobertura para los mercados africanos. ¿Qué puede decirnos al respecto?

Cesce ha hecho un esfuerzo importante en los últimos años en lo que se refiere a la apertura de la cobertura en los países del África subsahariana, al compás de las solicitudes de cobertura que nos han planteado los exportadores españoles. En la actualidad tenemos techos de cobertura en países como Benín, Camerún, Costa de Marfil, Ruanda, Senegal, Tanzania o Uganda, mercados que no han sido destinos habituales del seguro. Mantenemos abierta la cobertura en mercados de gran demanda de nuestros exportadores, como es el caso de Angola. En estos países se nos plantea una dificultad esencial, que es intentar compatibilizar el respaldo a la exportación española con la necesidad de ser responsables con la cuestión del endeudamiento externo.

A lo largo de la última década, la deuda de un gran número de países africanos ha aumentado rápidamente de nuevo como consecuencia de los proyectos que han acometido. En estas circunstancias, hay muchos países con los que no es posible aumentar los techos de cobertura. En los que sí lo es, porque su situación económica y de endeudamiento es mejor, analizamos cada solicitud de nuestros exportadores y no descartamos que los techos se puedan ir ampliando. Me gustaría decir también que la demanda efectiva de operaciones en estos países no es tan grande. Recibimos muchas consultas generales, pero el número de operaciones que se nos plantean en la práctica es reducido.

Cesce tiene un techo de operaciones de 9000 millones de euros que nunca se ha utilizado por completo. ¿Qué se podría hacer para aprovechar mejor ese potencial?

Debemos dar a conocer mucho más ampliamente los instrumentos que gestiona Cesce por cuenta del Estado. Estamos convencidos de que sigue habiendo muchas empresas que no nos conocen o que tienen una idea superficial y no son conscientes de cómo podríamos ayudarlos. También estamos trabajando para intensificar la cooperación con los bancos, que son al final los que canalizan la financiación a las operaciones, y con otras ECA, con el fin de identificar proyectos donde podríamos cooperar.

El sector exterior español está dando señales de desaceleración en los últimos meses. ¿Cree que hemos tocado techo?

Es verdad que el superávit por cuenta corriente que venimos registrando en los últimos años se está desacelerando. En buena parte esto se debe al aumento de los precios del petróleo, que se ha traducido en un importante aumento del déficit comercial, y también a la menor llegada de turistas. La fortaleza del euro también afecta a nuestra competitividad. Aun así, la economía española siguió generando capacidad de financiación frente al exterior en el primer semestre de 2018 y seguramente vuelva a hacerlo en el segundo, aunque sea decreciente. No creo que ese esfuerzo se vaya a revertir. Pero, sí, los factores coyunturales son ahora menos favorables. Además, hay tendencias internacionales muy preocupantes como la vuelta al proteccionismo, el resurgimiento de los conflictos comerciales, el auge de populismos y nacionalismos… Creo que en estos tiempos la gestión y el aseguramiento del riesgo comercial son más necesarios que nunca. Y para ayudar a las empresas internacionalizadas a minimizar estos riesgos estamos las aseguradoras, como Cesce.

Usted fue consejero comercial en Brasilia entre 2012 y 2016. ¿Cómo ve el futuro de Brasil tras la victoria de Jair Bolsonaro?

Con toda la polémica y preocupación que pueda haber generado su elección, que comprendo y comparto, los mercados han acogido bastante favorablemente a Bolsonaro y su proyecto de promover reformas liberales, abrir la economía y favorecer a las empresas. Pero, en cualquier caso, va a tener que enfrentarse a los mismos problemas arraigados que son los que han alimentado la frustración que le ha aupado al poder: la corrupción, una economía que crece pero que no despega, el elevado desempleo, las restricciones de las finanzas públicas, el aumento de la criminalidad, las deficiencias en los servicios públicos. Además, la situación en el Congreso le va a obligar a buscar pactos.

¿Y qué puede decirnos de China, donde fue consejero entre 2007 y 2010?

China está reclamando un papel protagonista en la escena internacional, acorde a su peso económico, con políticas muy activas de las que acaban dependiendo muchos países. Así hay que interpretar, por ejemplo, la creación de la red de transportes e infraestructuras del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda. Y así se entiende también la promoción del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), que está considerado por algunos como un rival del FMI, del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo. El peso de China en el BAII sería comparable a la de Estados Unidos en el FMI.

También se nota el cambio en la mayor asertividad de China en el plano militar, especialmente en su zona de influencia y en la pugna por el liderazgo en la carrera tecnológica. El programa de desarrollo “Made in China 2025” pretende, precisamente, dar un salto en esa dirección: es un marco de diversificación económica y persigue la autosuficiencia del país en sectores como tecnologías de la información, robótica, herramientas de control numérico e ingeniería especializada (aeroespacial, marina, energética…). Estados Unidos ve esto como una amenaza y considera que la adquisición del know how tecnológico por parte de China no ha sido leal.

No obstante, parece que se abre un cierto camino hacia la distensión. Y podemos verlo en el resultado de la cumbre entre los presidentes de China y de Estados Unidos, celebrada en Buenos Aires después de la reunión del G20, que ya se está traduciendo en medidas concretas. Por ejemplo, desde el 1 de enero China ha reducido del 40% al 15% los aranceles sobre los vehículos importados de Estados Unidos. Además, ha reanudado las compras de soja estadounidense y ha dicho que en 2019 va a importar unos tres millones de toneladas de maíz procedentes de Estados Unidos. Esto es importante para Trump, porque la mayor parte de estos productos se cultivan en el Medio Oeste, donde se concentra buena parte de su granero electoral. Además, China ha anunciado que va a retrasar 10 años, hasta 2035 (en lugar de 2025), los planes de desarrollo en los sectores tecnológicos punteros recogidos en el Plan “Made in China 2025”.

¿Recuerda de forma especial alguna anécdota relativa a su actividad internacional?

Muchísimas. Tenga en cuenta que llevo cerca de 28 años en esto, en puestos muy distintos, incluyendo la Presidencia del Gobierno, y que he visto de todo. Quizá una de las anécdotas más curiosas fue un espectáculo taurino que se organizó en Chengdú (China), donde el representante de los novilleros españoles nos solicitó apoyo a la Embajada ante las numerosas dificultades que estaban padeciendo. Era una novillada y el empresario chino había adquirido en México unos novillos de tres años, pero lo había hecho un año y medio antes, por lo que ya eran toros cinqueños. Necesitaban picarse y los caballos chinos son normalmente ponis mongoles, de un tamaño insuficiente. No había forma de encontrar caballos mayores. Además, no se había colocado arena suficiente, el burladero era de una altura muy escasa… Fue un verdadero lío, que sólo conseguimos resolver parcialmente. Al final, afortunadamente, la corrida se canceló.

Enero de 2019