“Veinte años de internacionalización”, por Antonio Bonet (ABC)

Antonio Bonet (presidente del Club)
ABC
12 de noviembre de 2017

En 1997 un grupo de empresas españolas con una larga trayectoria en los mercados internacionales decidieron crear una asociación que velase por impulsar las exportaciones y la inversión extranjera de nuestras empresas. Nacía así el Club de Exportadores e Inversores, institución que en los últimos veinte años ha sido protagonista y testigo de la evolución experimentada por el sector exterior en nuestro país. En este tiempo, el sector exterior ha cambiado radicalmente, hasta el punto de que hoy podemos asegurar que estamos ante el principal motor que impulsa nuestra economía, responsable de un tercio de la producción nacional.

En la década de los 90, España era una economía orientada al mercado interno, que apenas contaba con alguna firma de carácter multinacional. Nadie podía imaginar entonces que, dos décadas después, un nutrido número de empresas nacionales iba a convertirse en referencia mundial tanto en sectores maduros como en aquellos con alto potencial de crecimiento. Conviene subrayar que somos ya el duodécimo emisor de inversión extranjera directa en el mundo, con una posición que asciende a 516.059 millones de dólares, el equivalente al 42% del PIB nacional.

Si nos fijamos en el comercio de mercancías, el balance que se puede hacer de estos veinte últimos años es brillante: las compañías españolas han pasado de vender productos en el exterior por valor de 93.000 millones de euros en 1997 a exportar 255.000 millones en 2016, mientras que el volumen de las importaciones ha crecido en menor proporción, al pasar de 109.000 millones a 273.000 millones. Ello ha dado como resultado que la tasa de cobertura se sitúe actualmente en el 93%.

En contraste además con el retroceso experimentado por nuestros competidores directos en los últimos veinte años, España ha podido mantener su posición, con una cuota del 1,8%, lo que le permite ocupar el puesto 16 en el ranking global de países exportadores, y con un potencial de crecimiento realmente importante.

En cuanto a la exportación de servicios, nos encontramos con que las compañías españolas ingresaron el año pasado 115.000 millones de euros. De esta magnitud, el turismo internacional aportó 55.000 millones en 2016, siendo el hecho relevante que las exportaciones de actividades no turísticas (telecomunicaciones, finanzas, transporte…) supera a las de servicios turísticos.

Los datos, como vemos, reflejan que el sector exterior se ha convertido en un factor clave en el crecimiento de nuestra economía, y lo que cabe colegir de esta realidad es que las empresas conciben hoy la internacionalización como una actividad permanente. Han entendido que una actividad orientada al exterior abre la puerta a incrementar las ventas y a diversificar los riesgos, amén de ganar mayor flexibilidad para atender sus mercados.

Este balance positivo de nuestro sector exterior no debe ocultarnos que aún existe un importante margen de mejora por delante. España necesita dotarse de una auténtica política de Estado que afronte la internacionalización como una de sus prioridades económicas y que involucre a todos aquellos Ministerios que pueden favorecer la actividad exterior de las empresas.

Es necesario favorecer la promoción, la fiscalidad o la diplomacia comercial, recuperando unas dotaciones presupuestarias que han llegado a experimentar recortes muy superiores al 50% con respecto a la situación previa a la crisis. Y se requieren también medidas regulatorias para aumentar la competitividad de las pymes por la vía de favorecer su tamaño, y mayor apuesta por la I+D+i y la imagen de marca, sin olvidarnos de reformas laborales y una mejora del sistema educativo.

Recientemente, el Gobierno aprobaba la Estrategia de Internacionalización de la Economía Española 2017-2027, todo un compendio de principios generales del que se desprende una buena interpretación de la realidad y que debe sustanciarse en medidas concretas. El tiempo dirá si hubo acierto, decisión y ambición en su desarrollo. Nos jugamos poner a punto el motor que puede contribuir decisivamente al progreso económico de nuestro país en las próximas décadas.