Declaraciones de Ramón Gascón en «Hora 14» de Radio Nacional de España

Las exportaciones de las empresas españolas aumentarán entre el 3% y el 5% (Cinco Días)

Embajador de España en Canadá

Charlando con Alfredo Martínez Serrano, Embajador de España en Canadá

La importancia de los grandes exportadores en el sector exterior español

Por Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores e Inversores, y Juan de Lucio, profesor de Economía de la Universidad de Alcalá.

Este artículo pertenece al nº14 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.

 

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Una Nota Técnica recientemente aprobada por el Comité de Reflexión sobre Internacionalización del Club de Exportadores ha puesto de manifiesto la importancia que tienen en el conjunto de la exportación española de bienes los mayores exportadores. Los profesores de Lucio, Mínguez, Minondo y Requena, autores de la mencionada Nota Técnica, señalan que los 1000 mayores exportadores de bienes aglutinan dos terceras partes de la exportación total, y que los 100 mayores fueron responsables del 38%. Y esto ocurre desde el año 1997 sin apenas alteración. Es evidente que esta excesiva concentración de la exportación en muy pocas empresas supone un elevado riesgo para el sector exterior español, que ha sido quien ha liderado nuestro crecimiento económico desde hace muchos años. ¿Qué ocurriría si cerrasen algunas de estas 100 o 1000 empresas? ¿O si decidiesen deslocalizar la producción y llevársela desde España a otros países que tuvieran un sistema económico con menos incertidumbres regulatorias o un tratamiento fiscal más favorable o un entorno político menos hostil hacia las empresas? ¿Qué pasaría con el empleo, la producción y la recaudación? ¿Cómo afectaría al saldo exterior? Ante este riesgo, parece que convendría repensar nuestra política de internacionalización y reorientarla.

La mencionada Nota Técnica profundiza en los efectos que tiene la excesiva concentración en muy pocos exportadores no solo a nivel agregado, sino también por países de destino. Los 100 mayores exportadores son responsables, también desde hace 25 años, de más de la mitad de las exportaciones a los 10 principales países de destino de nuestras ventas al exterior. por productos se observa una situación similar. Entre el 50% y el 80% de las exportaciones de los 10 principales sectores de exportación (medidos por capítulos del arancel) la realizan únicamente esas 100 empresas. Este sería el caso por ejemplo del sector automóvil, o el de bienes de equipo, o el de plásticos y sus manufacturas o el de prendas de vestir. Una consecuencia de ello es que España perdería la ventaja comparativa en el 45% de las exportaciones si el principal exportador de cada sector desapareciese. El espectacular crecimiento de la exportación total de bienes, que se ha cuadruplicado en los últimos 25 años, también se debe en gran parte a los mayores exportadores; los 100 primeros del ranking han sido responsables de la mitad de ese elevado crecimiento.

La política de promoción de exportaciones españolas de los últimos años ha puesto especial énfasis en diversificar la base exportadora e incorporar a pymes a la internacionalización. Es justo reconocer el éxito obtenido en cuanto al número de empresas que han iniciado su aventura exterior. En efecto el número de empresas que han vendido productos al exterior ha pasado de 63.000 en el año 1997 a 235.000 en 2021. Pero la concentración en los mayores 100 o 1000 exportadores no ha disminuido. Si se analiza más en detalle la actividad internacional de todas estas empresas, se aprecia que en 2022 únicamente 60.000 han exportado de forma regular (cuatro años consecutivos). Y si se mira al valor de lo exportado, únicamente 25.000 de esos exportadores regulares han vendido al exterior más de € 50.000 anuales, que es a todas luces una cantidad muy pequeña; en muchos productos esa cifra sería un contenedor al año aproximadamente.

El problema está en que el tamaño de la gran mayoría de nuestras empresas exportadoras es muy pequeño. Por ello, parecería conveniente añadir un elemento más a la política de promoción de exportaciones: facilitar que haya más exportadores grandes. Para esto se pueden aplicar políticas específicas para los exportadores y también políticas generales de aumento del tamaño empresarial. Entre las primeras, sería necesario que se incentive a las empresas pequeñas y medianas que ya están exportando de forma habitual para que alcancen mayores volúmenes de ventas en los mercados exteriores. Esto se podría conseguir, por ejemplo, dotando con mayores recursos a las políticas de apoyo oficial a la exportación, y otorgando prioridad en el uso de los instrumentos de apoyo oficial financiero, promocional, de formación y de información a los exportadores habituales que tengan planes de crecimiento internacional. Y también reforzando las políticas de atracción de inversión extranjera, con actuaciones específicas para empresas internacionales que puedan desarrollar actividades exportadoras desde nuestro país. Hay numerosos estudios que muestran que las empresas de capital extranjero representan un porcentaje elevado de nuestra exportación total de bienes. Esto se explica, entre otras razones, porque están más integradas en las cadenas globales de valor.

Mencionábamos arriba que es importante también diseñar políticas generales de apoyo al crecimiento empresarial. Multitud de estudios señalan que las empresas de mayor tamaño tienen una mayor propensión a exportar, además de ser más innovadoras, más resilientes y crear empleo de más calidad. Algunas de estas políticas generales serían de carácter regulatorio, para dejar de penalizar el crecimiento de las pequeñas empresas, como por ejemplo elevar el umbral de trabajadores, desde los 50 actuales, para que sea obligatorio que la empresa tenga “comité de empresa”. O subir a €20 millones la facturación empresarial, desde los actuales € 6 millones, para que las declaraciones a Hacienda sean mensuales en lugar de trimestrales. Estas modificaciones regulatorias no tendrían coste presupuestario. Pero también habría que diseñar políticas activas para promover que las empresas crezcan. Por ejemplo, mediante incentivos fiscales o de otro tipo para fomentar las fusiones de pymes. Y en el caso de las empresas medianas y grandes es preciso facilitar que reinviertan sus beneficios, para aumentar su tamaño, para lo cual es necesario reducir incertidumbres regulatorias y no aumentar su carga impositiva y de cuotas a la seguridad social, entre otras medidas.

En definitiva, no se trata de abandonar las políticas encaminadas a ampliar el número de exportadores y a hacer crecer el volumen total de exportación de bienes, sino de fomentar la presencia de un mayor número de grandes empresas exportadoras. Pensamos que, a medio plazo, es factible conseguir, por ejemplo, que los mayores 100 únicamente supongan una cuarta parte del valor total de la exportación española o que los 1000 mayores sean responsables solo de la mitad. Para ello habría que elaborar políticas generales que no penalicen el crecimiento empresarial, sino que lo promuevan y también políticas específicas para incentivar a los pequeños exportadores actuales a que aumenten considerablemente su volumen de ventas al exterior.

Artículo exclusivo para Club De Exportadores e Inversores.

50 años de relaciones diplomáticas entre China y España

Por Gonzalo Ortiz, diplomático.

El autor ha sido Embajador de España en Vietnam y Corea del Sur, Cónsul General en Shanghái, Ministro Consejero de las embajadas españolas en Beijing, Tokio y Nueva Delhi.

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Art 2, revista 14

Se cumplen este año 50 años de relaciones diplomáticas entre España y la República Popular China. Dos regímenes muy distanciados entre sí: la China de Mao y la España de Franco, practicando la «realpolitik», no tuvieron ningún inconveniente en el reconocimiento mutuo. Estas relaciones preceden a las de China con Estados Unidos (1979) o con la República de Corea (1992). Se enmarcan dentro del proceso de la diplomacia del ping-pong, y la visita de Kissinger (y luego Nixon) a Pekín, que facilitó el reconocimiento general de la China Popular, y la deslegitimación del régimen de Taiwan, hasta entonces con asiento en el Consejo de Seguridad.

El reconocimiento de China se produjo dentro de una política de apertura del Este (es decir, con los países comunistas), propulsada por el Ministro de Asuntos Exteriores Gregorio López Bravo (1969-1973), que llevó al establecimiento de relaciones consulares y comerciales con todos los países del Comecon (excepto Albania y Yugoslavia). Con la República Democrática Alemana fueron plenas (1973) y con la Unión Soviética relaciones semioficiales, con apertura de “Delegaciones Comerciales”.

Pero las relaciones con China vienen de antiguo. San Francisco Javier murió a las puertas de este inmenso país llevándose a la tumba el sueño de su evangelización. Algunos gobernadores de Filipinas propusieron a Felipe II, con gran despiste, la conquista del «Imperio del Centro “. Lo cierto es que a través del Galeón de Manila y durante tres siglos hubo comercio y contactos humanos de toda índole con la provincia de Fujian. Gracias a la plata de América, y el real de a ocho, España propició el circulante que sirvió para el extraordinario desarrollo de la economía china en el siglo XVIII. Creo que entre los países europeos España puede presumir de contactos continuados durante los más de 300 años de presencia española en Filipinas.

Han pasado 50 años. En los años 70, solía oír las emisiones de radio Pekín que durante la Revolución Cultural criticaban a “los reaccionarios revisionistas soviéticos” y el “socialfascismo” de Moscú. En 1974, ya con relaciones diplomáticas, visité Hong Kong contemplando bajo la atenta mirada de los “bobbies” británicos aquello que parecía inalcanzable e inhóspito, es decir, las montañas de lo que llamábamos la China Roja.

Luego he vivido en primera persona los momentos más difíciles de las relaciones bilaterales. Como Ministro de la Embajada (1988-1990) viví la crisis de Tiananmen (junio de 1989), que llevó a la congelación de relaciones con la Unión Europea. Fue precisamente España la que abogó por realizar un esfuerzo de realismo y el ministro Fernández Ordóñez fue el primero en visitar China, tras la crisis para intentar normalizar las relaciones. Como Cónsul General de España en Shanghai (2011-2014) pude seguir en panorámica la crisis más reciente producida por la imputación por parte de la Audiencia Nacional de algunos dirigentes chinos. Crisis también superada con las correcciones legislativas que impulsó el Gobierno Rajoy.

En estos 50 años España ha considerado a China siempre como objetivo prioritario y ha apoyado desde el gobierno la presencia económica. En 1978 se produjo la visita de los Reyes de España y en 1985 Felipe González estuvo al frente de una numerosa delegación.  Fue ante Alfonso Guerra cuando Deng Xiaoping pronunció la famosa frase “gato negro, gato blanco, lo que importa es que cace ratones”. Como era habitual en los 80 y 90 las visitas a China daban un aire de modernidad a la política exterior de los países europeos y de Occidente en general, y a China llegaron sin contrapartida capitales y tecnología que fueron asimilados y mejorados, en su caso, por el laborioso pueblo chino.

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El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, con el presidente chino Xi Jinping, durante la visita de éste a España en 2018.

Hace 50 años el PIB chino era equivalente al español, hoy lo supera en más de 10 veces. China se ha convertido en la gran fábrica del mundo produciendo todo tipo de productos y máquinas y ha inundado los mercados internacionales. La crisis del Covid ha puesto en evidencia que no disponíamos en Europa ni de mascarillas, ni de paracetamol, ni de planchas solares y que debíamos acudir a nuestros proveedores chinos.

Mientras que en el pasado España concedía créditos FAD para China como país en vías de desarrollo o prometía fondos para su desarrollo turístico (Chaves donó un millón de dólares), hoy las tornas han cambiado. Aspiramos a que China compre bonos del tesoro, inviertan en la industria o en atraer de nuevo a la riada de turistas chinos que nos visitaban antes de la pandemia.

En cuanto a las personas, en 1973 no vivían en China más allá de una docena de españoles (entre ellas Marcela de Juan, la más insigne) y en España algo más de chinos, en unos pocos restaurantes. Hoy viven en China casi 7.000 españoles y 100.000 chinos en España, con negocios tan variados como la restauración, los «todo a cien», las peluquerías, las agencias de viaje o las fruterías. Colonia china muy respetada en España por el servicio de dan a la comunidad y su escasa conflictividad.

Un objetivo de las políticas de internacionalización, desde hace años, es aumentar el grado de diversificación geográfica de las exportaciones, reduciendo en especial la alta concentración de las mismas en los países europeos. La evolución no está yendo efectivamente en esta dirección…

Un rasgo muy destacado de las cifras de comercio exterior de 2022 es que China se ha convertido en el primer origen de las importaciones españolas, sobrepasando a Alemania, que había sido durante años el primer suministrador.

Las importaciones de China llegaron a los 49.000 millones de euros, con un crecimiento del 42,5% respecto a 2021. Por su parte, las exportaciones españolas, en contraste con la tendencia de la exportación en general, cayeron hasta los 8.013 millones (-7,5%).

El elevado déficit del comercio español con China (41.639 millones) equivale al 60% del total del déficit comercial español.

El comercio exterior con China, y en particular la fuerte dependencia de las importaciones, teniendo en cuenta las complicaciones del contexto geopolítico que se han agravado en los últimos tiempos, merece una reflexión por parte de nuestro país, analizando cuáles son las dependencias de productos estratégicos, los riesgos a los que se enfrentan los suministros de estos productos, etc.

Sobre la estructura del tejido empresarial exportador, como última observación, cabe avanzar (el tema merece un análisis más específico y detallado) que el número de exportadores regulares que han exportado más de 1.000 euros en 2022 y en cada uno de los tres años anteriores, fue de 43.159 exportadores, un 2,7% más que en 2021. Estos exportadores regulares exportaron por valor de 349.384,0 millones de euros, el 89,8% del total y un 21,2% más que en 2021. Es un dato sin duda positiva: se mantiene la tendencia, presente desde hace años, hace un crecimiento de los exportadores regulares.

España aspira a una estrecha colaboración con China basada en el respeto mutuo y en la reciprocidad. Son países que se respetan porque se conocen desde antiguo. Bastaría mencionar los nombres de Diego de Pantoja y otros jesuitas, o José de Aguilar y Sinibaldo de Más. China es algo más que un país, es una civilización, y España es algo más que un país, dado que ha dado origen a una familia de pueblos allende el Atlántico. La historia en común y el respeto muto deben ser la base de los negocios. Pero para ello necesitamos conocernos mejor (impulsar los estudios de China y su lengua) y unas autoridades que faciliten el desembarco y el desenvolvimiento de las empresas españolas en China (y chinas en España).

 

Artículo exclusivo para Club De Exportadores e Inversores.

Las exportaciones subirán un 3% en 2023 gracias al resurgir de China (El Economista)

Expertos reunidos por el Club de Exportadores prevén que las exportaciones españolas continúen creciendo en 2023 y 2024

22 de marzo de 2023

«El sector exterior en 2023: pujanza a corto y medio plazo», por Antonio Bonet (Ejecutivos)

Únicamente 1.000 empresas exportadoras españolas realizan casi el 70% de las exportaciones totales (Europa Press)