Un salto competitivo para una de nuestras locomotoras

Por Pablo López Gil, director general del Foro de Marcas Renombradas Españolas

Descargar el artículo en PDF

pablo-lopez-b_n

Este artículo pertenece al nº25 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.  

La internacionalización del sector agroalimentario español es un caso de éxito. Su contribución en la balanza de pagos es fundamental. Posicionarse en segmentos de mayor valor añadido y reducir su atomización empresarial son algunos de sus principales retos.

La internacionalización del sector agroalimentario español ha constituido un notable caso de éxito. Así lo demuestra su evolución en los últimos quince años, en los que el saldo de su balanza comercial ha pasado de los más de 100 millones de euros en 2007 a los 13.100 millones de euros en 2022 (últimos datos disponibles).

Esta brillante trayectoria se ha ejecutado además no solo en los países cercanos por proximidad y similitud de pautas de consumo, como los de la Unión Europea, sino que el sector ha sabido diversificar sus destinos. Así, la exportación a países terceros ya supone un 36% del total exportado en 2022.

El reto es ser capaces de mantener esa tendencia en el actual contexto económico y geopolítico mundial, marcado por la incertidumbre y estando el sector precisamente en el punto de mira en distintos acuerdos comerciales.

No cabe duda de que el sector agroalimentario ha contribuido enormemente a enjugar el tradicional déficit estructural de bienes de la economía española, puesto que el montante de su balanza comercial es el más importante con diferencia entre los principales grandes sectores exportadores.

Así, el sector del automóvil cuenta con un superávit comercial de 5.978 millones de euros, menos de la mitad que el del sector agroalimentario, que es, en términos de exportaciones, el tercer gran sector por detrás de semimanufacturas, y cerca del segundo, el de bienes de equipo.

España es, por tanto, una potencia exportadora en agroalimentación, ocupando el cuarto puesto dentro de la UE, con un 10% de las ventas comunitarias en el exterior.

Factores de mejora

Este sector, sin embargo, adolece todavía de bastante margen de mejora, especialmente si nos comparamos con nuestros competidores más cercanos en proximidad y tipo de producción, como son Francia e Italia, sobre todo en los productos de mayor valor añadido, dado que en producto fresco siempre hemos contado con la gran fortaleza de nuestra producción hortofrutícola, que contribuye notablemente a la balanza comercial del total agroalimentario, y que no tiene grandes rivales en el entorno europeo.

Este salto de competitividad viene determinado por las características de esta industria, que comparte con otros sectores de nuestra economía la falta de dimensión de sus empresas, con una fuerte presencia de pymes (por encima de las 30.000), para las que el esfuerzo de salir a otros mercados representa una tarea muy exigente. Y si bien el número de empresas medianas y grandes ha progresado en los últimos ejercicios, según datos de la FIAB (Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas), es evidente que ganar tamaño es fundamental para abordar aspectos como un mejor posicionamiento de nuestras compañías en otros mercados.

La inversión en activos intangibles como la marca, la apuesta por la innovación, o la sofisticación mayor en aspectos como la tecnología o el diseño son factores que contribuyen a dotar a nuestros productos de mayor diferenciación y valor añadido para poder competir fuera por factores diferentes que los de un precio muy competitivo. Un ejemplo lo constituye el caso del vino, sector en el que nuestros competidores, Francia e Italia, se posicionan en precios en granel de 8,48 euros/litro y 3,53 euros/litro respectivamente, mientas que el caldo español se sitúa en solo 1,40 euros/litro.

A pesar de esto, muchas empresas han logrado ser reconocidas fuera y nuestro país cuenta con una imagen de prestigio asociada a la industria agroalimentaria. Según el estudio ‘Made in: The value of country of origin for future brands’, de la consultora Future Brand, es el sector en el que la imagen país de origen de España es más positiva, siendo el tercer país, tras Francia e Italia, con mejor reputación.

Otro estudio que realizamos en el Foro de Marcas Renombradas Españolas con las consultoras GfK e Interbrand, ‘Las marcas españolas y el efecto país de origen’, sobre la percepción de nuestro país en mercados considerados prioritarios, revelaba que el sector de alimentación y bebidas es el que más se asocia a España y además es el más valorado. Sin embargo, otra de las conclusiones es que pocas marcas españolas de alimentación cuentan con una notoriedad espontánea relevante.

La importancia de la imagen país

La imagen país representa sin duda una fuente de ventaja competitiva para las empresas españolas del sector, que puede ser aprovechada, e incluso potenciada también a través de nuestro atractivo como destino turístico y nuestra excelente reputación en gastronomía.

asamblea_FMRE_20_byn

Los más de 80 millones de turistas que visitan nuestro país cada año pueden convertirse en excelentes embajadores de nuestras marcas si potenciamos su conocimiento a través de diferentes instrumentos de comunicación. Y la excelencia de nuestros chefs, que son reconocidos mundialmente, puede contribuir a prescribir productos que conforman nuestra dieta mediterránea y nuestra gastronomía, ambas muy apreciadas fuera de nuestras fronteras.

Algunos de los programas de promoción exterior conjunta fruto de la colaboración público-privada ya se han apoyado en estos atributos, como los que ha desarrollado ICEX España Exportación e Inversiones y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) en mercados considerados prioritarios. O como los que se han realizado a través de las organizaciones interprofesionales del sector, que engloban a toda la cadena productiva de los diferentes subsectores y que cuentan, entre otros objetivos, con el de la proyección de su producción en diferentes destinos.

Es evidente que este esfuerzo colectivo tiene su repercusión en el conocimiento de categorías de producto, cuando se trata de abordar mercados complejos y vastos, como puede ser el de Estados Unidos para las empresas del aceite de oliva, por ejemplo, donde la acción en solitario puede resultar apabullante.

El sector agroalimentario también cuenta con una característica que lo diferencia de otros y es la vinculación de determinados productos con el territorio a través de las denominaciones de origen (DO) y las indicaciones geográficas protegidas (IGP), certificaciones que ayudan a la promoción de productos y a otorgarles un sello de calidad que apuntala la marca. Estas certificaciones pueden también asociarse a la marca España para lograr que los esfuerzos de promoción sumen y no se dispersen.

En definitiva, el sector puede aprovecharse de la reputación de nuestra dieta y gastronomía, del reconocimiento que generan en el exterior muchos de sus productos y del potencial del turismo internacional, pero también ha de saber diferenciarse mejor a través de un mejor posicionamiento basado en segmentos de calidad medio alta que no sean demasiado sensibles al precio, para evitar la competencia de países emergentes.

Y apostar por más sofisticación y más margen a través de activos intangibles (tecnología, formación, I+D+i, marca…) para poder abordar los mercados que por su poder adquisitivo son los más rentables.

Artículo exclusivo para Club de Exportadores e Inversores Españoles.

España sigue ofreciendo un marco atractivo para las inversiones extranjeras, a pesar del entorno regulatorio

Por Enrique Fanjul, socio de Iberglobal y miembro del Comité de Reflexión sobre Internacionalización del Club de Exportadores

Descargar el artículo en PDF

invertir-en-españa-byn

Este artículo pertenece al nº25 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.  

La buena calidad de las infraestructuras, el tamaño del mercado, la localización geográfica, son atractivos clave de España para la atracción de inversiones extranjeras. Por contra, el entorno regulatorio (la carga burocrática que tienen que soportar las empresas, el funcionamiento del sistema judicial) y la fiscalidad son algunos de los aspectos peor valorados por las empresas extranjeras, que muestran en general una valoración relativamente positiva del clima de negocios en España.

Se ha presentado recientemente el estudio “Barómetro del clima de negocios en España. Desde la perspectiva del inversor extranjero. Resultados 2023”. Se trata de la 16 edición de un estudio de referencia, basado en una encuesta entre más de 700 empresas con capital extranjero, sobre el marco de los negocios en España, elaborado conjuntamente por ICEX-Invest in Spain, Multinacionales por marca España y el International Center for Competitiveness (ICC) de la escuela de negocios IESE. (Se puede acceder al estudio en la sección de España de esta revista electrónica).

No ha habido sorpresas apreciables en la edición de este año. Como conclusión general, “Las empresas inversoras confirmaron un desempeño favorable en 2022, y las cifras de cierre para el 2023 son positivas, aunque siguen viéndose afectadas por la incertidumbre de la situación económica y política internacional, como refleja la reducción de empresas que crecerán en facturación. Para 2024, las estimaciones en las tendencias de inversión, facturación, empleo y exportaciones de estas empresas son más positivas”.

El entorno regulatorio

El entorno regulatorio sigue recibiendo una valoración relativamente negativa por parte de los inversores extranjeros.

La carga burocrática en el funcionamiento de la empresa es el segundo aspecto peor valorado en toda la encuesta. También como en años anteriores, la rapidez y eficacia de los juzgados mercantiles es objeto de una valoración desfavorable.

Las empresas extranjeras otorgan gran importancia a la estabilidad del marco regulatorio, que sigue recibiendo una baja valoración, y registra además un ligero retroceso en relación con el año anterior.

Como es obvio, la estabilidad del marco regulatorio es una preocupación que afecta no sólo a los inversores extranjeros, sino también a las empresas de capital nacional, una preocupación que ha aumentado en los últimos años. La introducción de nuevos impuestos, como los que se han introducido sobre la banca y las energéticas, no han debido ayudar a la imagen de estabilidad regulatoria.

Para los directivos de empresas extranjeras, las áreas más valoradas, como en anteriores ediciones, son las infraestructuras, el tamaño del mercado y el capital humano.
Algunos aspectos concretos que se valoran muy positivamente son las estructuras y servicios de telecomunicaciones, la calidad de los aeropuertos, las carreteras, los puertos y el tren de alta velocidad.

articulo grafico

Los aspectos de capital humano son los más importantes para las empresas, y su valoración es en general positiva. Hay un aspecto que recibe una baja valoración, el dominio de idiomas, una limitación que España tiene enormes dificultades para superar. Además, registra un ligero retroceso respecto a 2022.

El tamaño del mercado local es un aspecto clave para las empresas extranjeras a la hora de tomar la decisión de implantarse en España. Recibe lógicamente una valoración positiva.

Hay que señalar que en tamaño de mercado se incluye el acceso a mercados exteriores. Se reconfirma, por tanto, como indican diversos estudios, que España es valorada como una plataforma de acceso a otros mercados, en especial los de la Unión Europea (pero no únicamente: también son relevantes los países del Norte de África o Latinoamérica).

De hecho, la localización geográfica es el motivo para instalarse en España que más mencionan los encuestados, seguida del tamaño del mercado local y el acceso a otros mercados.

Imagen2

Pasando a las áreas con peor valoración, en esta edición destacan la fiscalidad y financiación, el entorno regulatorio y los costes.

En costes han adquirido especial importancia los costes de electricidad/energía, que se han elevado en general en la economía internacional.

Otra área susceptible de mejora es el mercado laboral. Los incentivos y ayudas a la contratación laboral, los costes de despido, la adecuación de la legislación laboral a las necesidades de la empresa, son aspectos susceptibles de una sustancial mejora.

En lo que se refiere a fiscalidad, las cuotas a la Seguridad Social son el aspecto con peor valoración, aunque muy próximo a la carga del impuesto sobre sociedades.

Imagen3

La calidad de vida sigue teniendo una valoración claramente positiva. La seguridad recibe una valoración muy positiva, al igual que sucede con la calidad del sistema sanitario.

Las empresas con capital extranjero han tenido tradicionalmente un peso muy destacado en las exportaciones. Según esta última edición del Barómetro, un 69% de las empresas extranjeras encuestadas exportan a terceros mercados desde España, y manifiestan expectativas favorables cara al futuro.

El estudio refleja un grado alto de estabilidad en cuanto a los planes de presencia en España de las empresas extranjeras. El 86% de las empresas encuestadas aumentaron o mantuvieron sus inversiones en 2023, con un pequeño descenso respecto a 2022 (89%). En 2024 un 88% tiene previsto mantener o aumentar sus inversiones.

(Nota: los gráficos recogidos en este artículo han sido extraídos de la publicación “Barómetro del clima de negocios en España. Desde la perspectiva del inversor extranjero. Resultados 2023”, elaborada por ICEX-Invest in Spain, Multinacionales por marca España y el International Center for Competitiveness (ICC) de IESE).

Artículo exclusivo para Club de Exportadores e Inversores Españoles.

Cadenas Globales de Suministro y globalización: tres dudas causales y una nueva realidad

Por Juan José Zaballa, Técnico Comercial y Economista del Estado, Doctor en Economía

Descargar el artículo en PDF

articulo-zaballa-revista-electronica

Este artículo pertenece al nº24 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.  

Las Cadenas Globales de Suministro (CGS) se han convertido en particularmente vulnerables ante cualquier evento o circunstancia que afecta a la logística internacional. ¿Están las empresas españolas preparadas para incorporar en sus planes de negocio o en sus estrategias de internacionalización esta nueva realidad de la economía internacional? 

Nuevamente, la logística y, consiguientemente, también las Cadenas Globales de Suministro (CGS), se encuentran ante una tormenta perfecta. En esta ocasión, la conjunción del cierre del acceso de buques cargueros al Canal de Suez, a través del Mar Rojo, y la reducción en un 33% del tráfico en el Canal de Panamá, por efecto de la sequía, hacen que los precios y los tiempos del transporte marítimo se disparen.

Estos dos factores, unidos a una estructura de los procesos industriales modernos, concebida a partir del “just in time” y, consecuentemente, la práctica ausencia de stocks reguladores de componentes, hace que las CGS modernas resulten particularmente vulnerables a incidencias de este tipo.

Pero el caso es que no hace falta ejercer mucho la memoria para recordar que circunstancias de este tipo, bien recientes, han supuesto graves contratiempos para la economía mundial. Así, la pandemia, la guerra de Ucrania, etc., son fenómenos que han afectado a las CGS.

Ante esta realidad, crecientemente recurrente, cabe preguntarse cuál es la relación causal: ¿son los riesgos cada vez más frecuentes o, por el contrario, son las CGS crecientemente sensibles a los mismos?

La opinión, tanto académica como fundamentada en la operativa real de los mercados, parece apuntar en esta segunda dirección. Las CGS, crecientemente sofisticadas en términos de número de intervinientes, en virtud del proceso de desagregación y externalización de los procesos productivos, y de dispersión geográfica de dichos intervinientes, en ambos casos, espoleadas por la búsqueda de especialización y economías de escala, se han convertido en particularmente vulnerables ante cualquier evento o circunstancia que afecta a la logística internacional.

Pero la logística no es el único factor de riesgo que afecta a estas sofisticadas CGS. Así, la economía mundial bulle ante nuevos conceptos como “decoupling”, “de-risking” o “seguridad económica”, que imponen una tensión adicional sobre estas CGS. Nuevamente, es difícil identificar, de manera unívoca, la relación causal: ¿son estas iniciativas, de carácter marcadamente geopolítico, las que generan la tensión de las CGS o, por el contrario, son estas tensiones en las CGS las que fundamentan y dan sentido económico real a dichos movimientos geopolíticos?

Lo cierto y verdad es que esta nueva realidad geopolítica toma cuerpo en el reciente protagonismo que está cobrando la inseparable dualidad política comercial-política industrial dentro de los actuales “policy mixes” de los principales agentes económicos mundiales: los EE. UU., China y la UE.

El cambio más significativo en el paradigma económico mundial ha sido la Inflation Reduction Act (IRA) norteamericana de 2022. Este cambio plantea una tercera duda causal: ¿los cambios en las CGS son el resultado de este cambio en el paradigma económico mundial o, por el contrario, es el cambio en dicho paradigma el que está provocando los cambios en la estructura y composición de las CGS?

Así, si las actuales CGS son, junto con los flujos de Inversión Directa Extranjera, la materialización más palpable del fenómeno económico más significativo desde la caída del muro de Berlín como es la globalización, la reestructuración de las mismas será la evidencia material de su desconstrucción, de la desglobalización.

Ciertamente, este no es un cambio que se verificará de un día para otro. Los datos que se desprenden de la encuesta que, anualmente, hace la Cámara de Comercio norteamericana en China acerca del clima de negocios en este país (1), evidencian la contradicción que existe entre las preocupaciones geopolíticas y las naturales presiones de la cuenta de resultados, pero la persistencia de riesgos como los señalados es, para las empresas, creciente.

La pregunta ahora es si las empresas españolas están preparadas para incorporar en sus planes de negocio o en sus estrategias de internacionalización esta nueva realidad de la economía internacional, que les afectará en su doble faceta de suministradores, aguas abajo, o de compradores de componentes, aguas arriba.

La geoeconomía carece de sentido en un mundo de economías cerradas, pero, por el contrario, se convierte, para las empresas, en un conocimiento precioso y preciso, en el marco de un mundo como el actual, que reúne dos condiciones excepcionales: está globalizado y está mutando.

  1. China Business Climate Survey Report – AmCham China

Artículo exclusivo para Club de Exportadores e Inversores Españoles.

¿Deben las empresas garantizar que sus proveedores actúen de forma sostenible?

Por Antonio Bonet Madurga, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles

Descargar el artículo en PDF

articulo-antonio-bonet

Este artículo pertenece al nº24 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.  

La Unión Europea estudia una propuesta de directiva, cuyo objetivo es establecer que empresas europeas sean responsables de que no se violen los derechos humanos y medioambientales en sus cadenas de suministro. La actual propuesta de directiva no tiene en cuenta las condiciones de las empresas, puede dañar la competitividad de su actividad internacional, y ha generado las críticas de numerosas organizaciones empresariales.

El respeto de los derechos humanos y la sostenibilidad medioambiental son dos principios a los que todos los ciudadanos, empresas y organizaciones públicas y privadas no podemos ni queremos renunciar. Ese es el objetivo final que persigue una propuesta de directiva de la Unión Europea, por la que se quiere establecer que empresas europeas grandes y algunas medianas sean responsables de que no se violen derechos humanos y medioambientales en sus cadenas de suministro tanto nacionales como extranjeras. Para ello, la propuesta de directiva obliga a las empresas europeas a llevar a cabo un due diligence; es decir, un análisis de las actividades de sus proveedores y de los proveedores de éstos y los de toda la cadena de suministro para comprobar que efectivamente estas empresas cumplen con ambos objetivos.

Si bien el objetivo final es loable, no lo es el mecanismo que se propone para alcanzarlos. Como dice el refrán: “El fin no justifica los medios”. La propuesta de directiva obliga a las empresas a realizar todos los análisis y averiguaciones pertinentes de sus cadenas de suministro. No solo tienen que sufragar este coste, sino que además obliga a las empresas europeas a prescindir de proveedores o de los proveedores de éstos que no cumplan o bien a ayudarles técnica o/y financieramente a cumplir.

Las cadenas de suministro pueden ser tremendamente complejas y extensas. Cualquier empresa mediana o grande puede tener docenas o cientos de proveedores, que a su vez tendrán otros cientos de proveedores, igual que los proveedores de estos últimos. Y además, es frecuente que las empresas cambien algunos de sus proveedores atendiendo a criterios de precio y calidad, lo que requería que la empresa iniciase de nuevo parte del due diligence.

Es decir, con la propuesta de directiva, las empresas pueden encontrarse con la obligación de tener que realizar un due diligence a cientos o miles de empresas que participan de una u otra forma en sus cadenas de suministro. Desde un punto de vista práctico el llevar a cabo esta obligación puede presentar notables dificultades técnicas por su complejidad. Además, muchos de esos proveedores están situados en el extranjero y desconocen el destino final de los productos que venden a su cliente. El coste de llevar a cabo esto puede llegar a ser de decenas o cientos de millones de euros, cantidades que pueden resultar inasumibles para muchas empresas medianas e incluso grandes.

Los reguladores de la UE no parece que hayan tenido en cuenta que la capacidad que tienen las empresas medianas, y algunas grandes, para influenciar la forma de operar de sus proveedores puede ser muy pequeña. Esto ocurre, por ejemplo, si las ventas del proveedor extranjero a su cliente europeo suponen una parte pequeña de la facturación total del proveedor.

Esta propuesta de directiva incluye también responsabilidad civil para las empresas europeas que no realicen de forma adecuada ese due diligence o si alguno de sus proveedores, a nivel mundial, incumple con ese deber de respeto de los derechos humanos y medioambientales. Esto se traduciría en multas a las empresas europeas. A las organizaciones de la sociedad civil, por ejemplo ONGs o sindicatos, por el contrario, se les facilitan mecanismos para que puedan denunciar a empresas que estén incumpliendo la normativa; es decir, que no realicen adecuadamente el due diligence o que alguno de sus proveedores viole derechos humanos o medioambientales. Sorprendentemente la propuesta de directiva determina que la prueba de su inocencia corra a cargo de la empresa.

En definitiva, esta propuesta de normativa supondría un sustancial aumento de costes para las empresas europeas, un aumento de la burocracia y un incremento de la incertidumbre regulatoria. Todo esto provocaría no solo una pérdida de competitividad de nuestras empresas y un aumento de precios, que perjudicaría al consumidor europeo, sino también que muchas empresas reduzcan o restrinjan su actividad internacional. Nuestras empresas estarían en desventaja competitiva en los mercados internacionales frente a las de otros países que no se ven obligadas a cumplir con una normativa tan compleja y onerosa de llevar a cabo.

Afortunadamente esta iniciativa legal se ha parado, de momento.

La propuesta de directiva fue lanzada por la Comisión Europea a principios del 2022, para someterla a aprobación por el Consejo Europeo (es decir, por los 27 países miembros de la UE) y el Parlamento Europeo. Durante la presidencia española de la UE se renegociaron varios aspectos del texto original de la normativa con objeto de someterlo a votación en el Consejo de finales del 2023. No se conoce cuáles son esas modificaciones del texto original, pues no son públicas. Pero si se sabe que en el último momento no se sometió a votación, al parecer porque varios países se opusieron. A principios del 2024, la Presidencia belga del Consejo Europeo también la quitó del orden del día. Pero más recientemente, el 28 de Febrero, la presidencia belga decidió incluir la propuesta de directiva en el orden del día del Coreper (que es el último paso antes de que se someta al Consejo). En esta votación, se ha rechazado la propuesta de directiva por la oposición de Suecia y la abstención de 11 países miembros (Alemania, Italia, Republica Checa, Eslovaquia, Finlandia, Estonia, Malta, Bulgaria, Hungría, Luxemburgo y Lithuania).

Resulta sorprendente el escaso debate público que esta propuesta de normativa ha generado en España, a pesar de que puede afectar muy seriamente a muchas empresas españolas grandes y medianas con una importante actividad internacional. Por el contrario, sí ha generado mucha polémica en países como Alemania, en donde numerosas asociaciones empresariales han mostrado su rechazo. Muchas organizaciones patronales tanto de ámbito europeo (como por ejemplo CITHA, de la que es miembro el Club de Exportadores e Inversores Españoles), como nacionales de países miembros se han posicionado públicamente oponiéndose a la propuesta de normativa.

¿Qué va a pasar en el futuro próximo? No se sabe. Caso de que se quiera sacar adelante esta propuesta de normativa, será necesario revisar el texto de la misma e introducir cambios. Francia, por ejemplo, ha propuesto que solo sea aplicable a empresas que tengan más de 5.000 empleados. En cualquier caso es previsible que no se produzca antes de las elecciones al Parlamento Europeo que tendrán lugar el próximo mes de junio.

Si el proyecto de normativa sigue adelante, sería deseable que la forma en que se intente alcanzar los loables objetivos que se persiguen no sea a costa de las empresas imponiéndoles obligaciones complejas de cumplir, muy onerosas y que nos harían perder competitividad internacional.

Artículo exclusivo para Club de Exportadores e Inversores Españoles.

El sector exterior en 2023 y perspectivas 2024: desaceleración e incertidumbres

Por Enrique Fanjul, socio de Iberglobal y miembro del Comité de Reflexión sobre Internacionalización del Club de Exportadores

Descargar el artículo en PDF

articulo-enrique-fanjul

Este artículo pertenece al nº24 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.  

El sector exterior, que ha sido un motor clave del crecimiento de la economía española en los últimos años, ha iniciado en 2023 una senda de desaceleración, tanto en lo que se refiere a exportaciones como importaciones. El año 2024 se presenta con notables incertidumbres.

Empezando por el dato más significativo, las exportaciones han entrado a partir del segundo trimestre del año en una fase de contracción, como puede verse en el cuadro adjunto. Tras un primer trimestre positivo, con un crecimiento respecto a 2022 del 14,6%, a partir del segundo trimestre las tasas de variación interanual pasan bruscamente a ser negativas.

El año 2023 termina en su conjunto con una caída de las exportaciones del -1,4%, una cifra que contrasta fuertemente con el aumento del 22,9% en 2022 y del 19,4% en 2021 (en 2020, en plena pandemia, las exportaciones habían registrado, por primera vez en muchos años, una caída).

grafico articulo

Además, esa cifra del -1,4% se consigue gracias al fuerte crecimiento del primer trimestre. Es llamativo el repentino cambio de tendencia a partir del segundo trimestre (se pasa de una tasa interanual positiva, del +17,7%, en marzo, a una negativa, del -6,3% en abril; en todos los meses posteriores a abril se registran tasas de variación negativas).

Hay que complementar esta cifra teniendo en cuenta que el descenso de las exportaciones en volumen fue superior, de un -5,1%. El aumento de los precios compensó por tanto buena parte de la caída en volumen.

Este preocupante –en especial si se mantiene en el presente año– cambio de tendencia en la evolución de las exportaciones, debe ser matizado. En comparación con otros países europeos, la caída de las exportaciones españolas ha sido menor. El -1,4% de caída es de menor intensidad que la caída de las exportaciones en la zona euro (-3,3%) y en la Unión Europea-27 (-2,5%). Estamos pues en un contexto general (al menos en nuestra zona de referencia, que es la europea) de desaceleración.

Por otro lado, la desaceleración ha afectado también a las importaciones. Las importaciones han caído más que las exportaciones, un -7,2%, y el déficit comercial se ha reducido en 2023 en más de un 40% interanual, pasando de un 5,1% del PIB en 2022 al 2,8% en 2023. La tasa de cobertura ha aumentado 5,3 puntos, hasta el 90,4%.

Por zonas geográficas, cabe destacar que la participación en éstas de los destinos de Europa aumenta, hasta el 74,3%, lo cual se debe en buena parte a un destacado aumento del 6,1% de las exportaciones al Reino Unido (a pesar del Brexit).

En el resto de zonas del mundo, las cifras son negativas, con la excepción de América Latina, en la que crecen las exportaciones un +8,1%. Pero se producen caídas en Asia (-6,6%), Oriente Medio (-12,4%) y África (-5,9%). No son buenas noticias para el deseado objetivo de una mayor diversificación geográfica de las exportaciones y una mayor presencia en las mismas de los mercados emergentes.

grafico 2

Las estadísticas y sus matices

Las estadísticas de comercio exterior se presentan con cierta frecuencia en los medios de comunicación con simplificaciones que pueden ocultar características o tendencias relevantes. Ya me he referido más arriba, por ejemplo, a que a la hora de evaluar la evolución de las exportaciones conviene tener en cuenta hasta qué punto se ha debido al volumen, por un lado, y a sus precios, por otro.

A raíz de la publicación de las estadísticas de 2023 se ha publicado por ejemplo en diversos medios que había aumentado la base exportadora, es decir, el número de empresas exportadoras. Esta afirmación precisa de matizaciones.

En sentido estricto, la base exportadora, es decir, el número de empresas exportadoras, ha vuelto a sufrir en 2023 un fuerte retroceso: ha pasado de 189.573 empresas en 2022 a 137.547 en 2023. En 2021 la cifra había sido de 235.206. Cerca de 100.000 exportadores menos en dos años.

Ahora bien, un matiz clave. Ese descenso se ha debido sobre todo a pequeños exportadores, sobre todo los que exportan menos de 1.000 euros. Los que exportan más de 50.000 euros (es decir, que tienen un volumen de exportación mínimamente relevante) han aumentado: de 42.893 en 2022 a 43.183 en 2023. Estos exportadores representan el 99,8% del total de la exportación española.

Lo mismo puede decirse respecto a la cifra de exportadores regulares. Se ha publicado que había aumentado en 2023. Pues bien, la cifra total de exportadores regulares ha bajado, de 57.332 en 2022 a 53.664 en 2023 (y en 2022 también habían bajado respecto a 2021). Pero la cifra de exportadores regulares con una cifra de exportación superior a 1.000 euros (que es la que se ha difundido como la cifra de exportadores regulares, sin especificar el umbral de los 1.000 euros) ha aumentado ligeramente, de 43.179 en 2022 a 43.918 en 2023.

Lo anterior está directamente relacionado con una característica básica del tejido exportador español: su dualidad. Por dualidad me refiero a la coexistencia de una amplia masa de empresas que exportan muy poco y de forma irregular, junto a un grupo, mucho más reducido, de empresas que exportan de forma regular y que concentran el grueso de la exportación. Esta dualidad la analicé más a fondo en un artículo publicado en esta revista electrónica.

Inciertas previsiones para 2024

¿Qué puede pasar en 2024? Es muy difícil hacer previsiones. En cuanto a la coyuntura económica internacional, que junto con la competitividad es el determinante clave de la demanda de exportaciones, la zona relevante para España es Europa, que absorbe prácticamente las tres cuartas partes de sus exportaciones.

Existen signos positivos y negativos. Por un lado, la desaceleración económica ha sido en 2023 menor de lo esperada en los últimos tiempos. La inflación también se ha reducido más rápidamente de lo que se había anticipado. Esto puede favorecer una política monetaria menos restrictiva, e incluso abrir paso a reducciones en los tipos de interés que actuarían favorablemente sobre el crecimiento. Es algo sobre lo que se viene especulando en los últimos meses.

Pero, por otro lado, una mayoría de los analistas coinciden en prever que la recuperación económica será modesta, e incierta, en especial en la Unión Europea, que concentra el grueso de la exportación española. La economía alemana está bordeando la recesión, y el ministro alemán de economía acaba de rebajar fuertemente las previsiones de crecimiento para 2024 (hasta un escueto 0,2%).

Los estímulos económicos puestos en marcha con la pandemia han empezado a ser suprimidos o reducidos. Subvenciones y otras ayudas van a ser recortadas, lo que puede tener un efecto negativo sobre la inflación. En la Unión Europea persiste el debate sobre si se debe volver a una política de mayor rigor presupuestario o mantener una política más relajada con el fin de evitar una desaceleración económica fuerte.

Y todo ello está relacionado con el otro gran condicionante: el marco geopolítico, que se ha complicado notablemente en los últimos tiempos. Aquí las incertidumbres son también muy altas. ¿Cuánto durará la guerra de Ucrania? ¿Cuánto durará la guerra de Gaza y, sobre todo, puede extenderse el conflicto en Oriente Medio? ¿Qué impacto pueden tener estas guerras sobre las cadenas de suministro (las dificultades para el tráfico marítimo en el Mar Rojo ya son una señal de alarma)?

Artículo exclusivo para Club de Exportadores e Inversores Españoles.

Imagen1_-curbelo

COFIDES y el nuevo Fondo de Coinversión (FOCO)

foto-articulo-enrique-fanjul-globalizacion

Seguridad económica: nuevo paradigma de la globalización

La experiencia laboral internacional como vía para desarrollar el talento

Por Enrique Fanjul, socio de Iberglobal, miembro del Comité de Reflexión sobre Internacionalización del Club de Exportadores

Este artículo pertenece al nº22 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía española”. Haz clic aquí para leer la revista electrónica completa.

Descargar el artículo en PDF

ByN_people-1979261_1280

Trabajar en el extranjero favorece el desarrollo del talento, la capacidad profesional de las personas, en especial de los jóvenes. Afortunadamente está cambiando en España la valoración que tiene una experiencia laboral internacional.

La percepción sobre “irse fuera” ha sido hasta hace poco negativa en muchos medios. Los profesionales, se argumentaba, sobre todo los jóvenes, se habían tenido que marchar a otros países por la crisis, forzados por las circunstancias, por la falta de oportunidades en el mercado laboral español. Marcharse a trabajar al extranjero era un mal necesario.
Ahora, sin embargo, se está extendiendo la idea de que la experiencia es algo positivo: para los propios profesionales, en primer lugar, por todo lo que aporta a su formación, su conocimiento; y también para la economía española, por el activo que el talento internacional español puede suponer como apoyo a la internacionalización de la economía española.

La visión negativa ha llevado incluso a que en la Administración (en una mayoría de las Comunidades Autónomas) se hayan instrumentado programas para fomentar el “retorno del talento”. El falso punto de partida es que la marcha de profesionales al extranjero supuso una “pérdida” de talento para la economía española. No se puede hablar de pérdida de talento cuando la alternativa era quedarse en España en desempleo o subempleo, sin tener ingresos, sin adquirir experiencia, sin perspectivas de progreso en una carrera profesional.

No cabe hablar de pérdida de talento para la economía española cuando ésta no tenía la capacidad de utilizar este talento.

Los programas de retorno del talento

Los programas para incentivar el retorno (que comprenden diversos tipos de ayudas: subvenciones a las empresas que contratan trabajadores que residen en el extranjero, ayudas a estos trabajadores para los gastos de desplazamiento a España, para el alquiler de vivienda, para realizar estudios, etc.) pueden suponer una discriminación en contra de los trabajadores que están en España. Si una empresa tiene que contratar a alguien, y tiene un candidato que viene de fuera, que probablemente tiene buen nivel de idiomas, una formación complementada por su experiencia en otros países y culturas, y encima la empresa recibe una subvención por contratarle, pues la decisión que tomará está muy clara. Podría llegarse al caso perverso en que las empresas, para contratar gente, recurrieran de forma sistemática a trabajadores retornados, con el fin de beneficiarse de las ayudas públicas.

Por otra parte, lo normal es que los programas de retorno de las Comunidades Autónomas estén limitados a personas vinculadas a la Comunidad. Los programas sueles establecer los requisitos concretos para demostrar la vinculación a la Comunidad; por ejemplo, que los retornados hayan nacido en la Comunidad, que hayan estado empadronados en ella durante un mínimo de tiempo antes de irse a vivir al extranjero, que sean descendientes por consanguinidad de una persona nacida en la Comunidad, etc.

¿No pueden suponer estas limitaciones una ruptura del principio de unidad de mercado, por limitar las ayudas a las personas de una Comunidad (aparte de por las diferencias en estas ayudas y programas entre unos y otros territorios)?

Los programas de incentivos al retorno pueden tener plena justificación para la captación de perfiles específicos, de alta cualificación técnica o científica y con oferta insuficiente en España. Igualmente está justificado el asesoramiento, el apoyo, para aquellos que deseen retornar. Pero lo que puede ser de cuestionable justificación, en mi opinión, es un sistema generalizado (para todo el mundo) de incentivos basados en subvenciones y ayudas económicas.

Estirando un poco las cosas, este tipo de incentivos podría tener un efecto contrario al buscado: muchas personas podrían llegar a la conclusión de que tendrían que irse fuera para poder beneficiarse posteriormente de esos incentivos y mejorar sus perspectivas de contratación en España.

Una vía para desarrollar las capacidades de la persona

Desde un punto de vista que podríamos llamar “microeconómico”, la experiencia laboral en otros países puede aportar muchos activos a un profesional: capacidad de trabajo en equipos multiculturales, conocimiento de otros métodos y culturas de trabajo, capacidades para negociación internacional/intercultural, dominio de idiomas (un tema en el que España sigue padeciendo un lamentable déficit), etc.

Para todos los profesionales, y en particular para los jóvenes, una experiencia profesional internacional es una oportunidad de desarrollar de forma notable su talento. (No entro en otro aspecto que puede ser también muy importante: el enriquecimiento personal y vital).

Sobre las ventajas que tiene para la capacidad profesional de una persona el hecho de vivir en el extranjero publicó hace algunos años un artículo la Harvard Business Review, que recoge los resultados de una serie de estudios realizados por varios profesores de escuelas de negocios de Estados Unidos. Las conclusiones eran bastante terminantes: vivir, trabajar y estudiar en el extranjero refuerza las capacidades psicológicas de una persona, promueve su creatividad, y contribuye al éxito en sus carreras profesionales.

Y desde el punto de vista que podríamos llamar “macroeconómico”, la presencia de una diáspora de profesionales españoles situados en muchas partes del mundo supone un activo para la internacionalización de la economía española. Estos profesionales pueden ser una fuente de información y de contactos para las empresas españolas. Y pueden también trabajar y colaborar con éstas, aprovechando la ventaja que les dan sus conocimientos, por un lado de los países en los que viven y, por otro, de España. Estos profesionales están especialmente preparados para hacer de “puente” entre España y sus países de residencia.

De todas formas, queda mucho para que esta nueva actitud sea generalizada. Todavía sigue muy extendida esa idea de la “pérdida de talento”. Ojalá pronto se consolide una valoración positiva de lo que supone la experiencia internacional.

Artículo exclusivo para Club De Exportadores e Inversores.