¿Seguirá siendo el sector exterior la palanca del crecimiento en 2023?
Tribuna de Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles
Expansión
5 de septiembre de 2023
El sector exterior nos va a traer en 2023 buenas y malas noticias. La buena noticia viene de la exportación de servicios, especialmente los no turísticos (ingeniería, financieros, transporte, construcción, …) que prevemos que continuará creciendo a doble dígito y alcanzará 100.000 millones de euros. Ganaremos cuota de mercado a nivel global. Además, los ingresos por turismo superarán niveles previos a la pandemia.
La mala noticia del 2023 la tendremos con la exportación de bienes. En el primer semestre del 2023 la exportación en unidades cayó un 2,2%. Es cierto que en valor ha crecido en un 4,7%, alcanzando un récord, pero ello se debe al efecto de la subida de precios que ha acarreado la inflación. En el Club de Exportadores pensamos que a final de año la exportación de bienes en unidades caerá y en valor será aproximadamente igual que el año pasado; unos €400.000 millones. Seguiremos perdiendo cuota de mercado a nivel mundial.
Desde la gran crisis de 2008 ha sido el dinamismo de la exportación española lo que más ha contribuido a recuperar la senda de crecimiento, de suerte que si en 2009 el sector exterior representaba el 23 % del PIB, el año pasado ya suponía un 41 %. La economía española en una de las más abiertas del mundo. En términos reales, sin tener en cuenta la inflación, tenemos dudas de que el sector exterior siga siendo el motor del crecimiento, debido a la caída de las exportaciones de bienes en unidades.
¿Cuáles son los peligros que acechan a la exportación española de bienes, lo que equivale a decir que acechan al conjunto de nuestra economía? El comienzo de un nuevo curso es buen momento para ofrecer una sucinta relación, que clasificaremos en dos grupos:
En primer lugar, tenemos las tradicionales y persistentes carencias de nuestro sector exportador, que no se deben a la acción concreta de ningún gobierno, aunque sí es responsabilidad de todos ellos contribuir a superarlas:
La exportación española está demasiado concentrada en un pequeño grupo de empresas, no más de 1.000, que representan el 65 % del total, y esta es una situación que lleva así más de un cuarto de siglo. El número de empresas que exportan regularmente, unas 57.000, es muy pequeño y la mayoría exportan cantidades simbólicas. Ello se debe a que el tamaño medio de la empresa española es muy pequeño, lo que representa un hándicap a la hora de asomarse a los mercados exteriores. Haría falta desarrollar políticas que ayuden al crecimiento de nuestras pymes, suavizando restricciones, como las actuales, que les invitan a permanecer en volúmenes de plantilla y actividad muy reducidos.
La exportación española está también demasiado concentrada en los mercados europeos, donde vendemos el 65 % del total exportado. En el área de Latinoamérica se da la paradoja de que solamente vendemos el 2 %, cuando esta zona representa el 40 % del total de inversiones de España en el exterior. Podríamos afirmar que mientras que países como China venden mucho en Latam e invierten poco, España hace lo contrario: invierte mucho y vende poco.
En mercados de rápido crecimiento, como África, nuestras exportaciones son muy reducidas y la Ley de Deuda Externa de 2006 se ha manifestado contraproducente.
En segundo lugar, anotamos las consecuencias directas de una concreta acción de gobierno sobre el sector exportador que en los últimos años ha sido negativa. Las políticas orientadas al desmesurado crecimiento del gasto público han provocado, por un lado, el consecuente incremento del déficit y de la deuda pública, y por el otro, subidas de todo tipo de impuestos, creación de otros nuevos e incrementos de las cotizaciones a la Seguridad Social. Esto afecta a todas las empresas, y especialmente a las exportadoras, que por no ser costes deducibles en frontera, como sí lo es el IVA, se ven forzadas a subir precios, lo que nos pone en riesgo de dejar de ser competitivos.
En el plano de las regulaciones también hemos ido a peor, y especialmente en el área laboral, donde se han introducido todo tipo de rigideces que tienen como denominador común incrementar los costes laborales y hacer la gestión de los mismos más onerosa e impracticable.
Finalmente, y sin pretender ser exhaustivos, la adopción de posiciones políticas en materia de relaciones exteriores también ha influido en ocasiones en nuestras exportaciones. Por ejemplo, la crisis con Argelia, derivada de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, ha hecho que las ventas españolas a Argelia hayan disminuido más de un 87 %. En un solo año nuestras empresas han perdido casi 2.000 millones de ventas a ese país. Eso, en términos de empleo, equivaldría a la pérdida en España de unos 27.000 puestos de trabajo.
