«Una empresa internacional debe combinar estándares globales con conocimiento local, entender la institucionalidad de cada mercado y estructurar cada proyecto desde sus condiciones reales»

Almar Water Solutions es una plataforma global de inversión especializada en el desarrollo y la gestión de infraestructuras hídricas no convencionales y en servicios relacionados con la producción, distribución y tratamiento del agua. La compañía presta servicio a clientes municipales e industriales y abarca toda la cadena de valor: potabilización, desalación, tratamiento de aguas residuales, transporte y reutilización.
A través de plataformas regionales y equipos operativos locales, Almar gestiona infraestructuras críticas en diferentes geografías para municipios y grandes sectores industriales como la minería, la energía y la industria pesada. Además, está impulsando iniciativas en producción de hidrógeno y recuperación de minerales para avanzar hacia una plataforma diversificada de servicios medioambientales.
Hablamos con Carlos Cosín, CEO de Almar Water Solutions.
- ¿Cuáles son hoy los principales retos globales en materia de agua que están impulsando nuevas oportunidades internacionales?
El principal reto es que la demanda de agua sigue creciendo mientras la disponibilidad del recurso es cada vez más incierta y desigual. El cambio climático intensifica las sequías y los episodios extremos, pero a ello se suman la urbanización, el crecimiento industrial, el envejecimiento de las infraestructuras y unas necesidades de inversión que muchos sistemas públicos no pueden atender por sí solos. La seguridad hídrica ya no es solo una cuestión ambiental: condiciona la competitividad, la producción de alimentos y energía y, en última instancia, la estabilidad social.
Esa presión está abriendo oportunidades para crear nuevas fuentes de suministro, reutilizar más agua y gestionar mejor los activos existentes. Pero la oportunidad no consiste únicamente en construir plantas. El verdadero desafío es movilizar capital y conocimiento para ofrecer un servicio fiable durante décadas, con soluciones adaptadas a cada territorio.
- ¿Cómo está evolucionando la demanda internacional de soluciones de desalación, reutilización y gestión no convencional del agua?
La demanda está pasando de soluciones puntuales a estrategias de suministro mucho más diversificadas. La desalación continúa creciendo en regiones costeras con escasez estructural y también en nuevos mercados expuestos a sequías recurrentes. Al mismo tiempo, la reutilización está adquiriendo un papel central porque permite cerrar el ciclo, reducir la presión sobre las fuentes convencionales y acercar la producción de agua a los centros de consumo.
También vemos una demanda creciente por parte de la industria. Minería, energía, alimentación, semiconductores o centros de datos necesitan garantizar agua en cantidad y calidad suficientes para crecer. Por eso se valoran cada vez más las soluciones que combinan distintas fuentes, digitalización y contratos de largo plazo. No existe una tecnología única para todos los casos: el futuro estará en integrar recursos convencionales y no convencionales dentro de sistemas más resilientes.
- ¿Qué factores son decisivos para desarrollar proyectos hídricos sostenibles en mercados internacionales?
Un proyecto sostenible debe serlo en cinco dimensiones: técnica, ambiental, financiera, regulatoria y social. Necesita una demanda bien definida, una asignación equilibrada de riesgos, tecnología probada y un marco contractual que dé visibilidad a los ingresos durante toda la vida del activo. También requiere integrar desde el inicio el consumo energético, la huella ambiental y la capacidad de adaptación futura, no tratarlos como elementos accesorios.
Hay otro factor decisivo: la confianza. Estas infraestructuras se desarrollan durante años y se operan durante décadas. Por eso son esenciales la calidad del socio local, el diálogo temprano con el cliente y las autoridades, y equipos capaces de permanecer en el territorio. En nuestra experiencia, el mejor proyecto no es simplemente el que llega antes a construcción, sino el que mantiene su rendimiento y su legitimidad a largo plazo.
- ¿Qué diferencias suelen encontrar entre regiones a la hora de estructurar, financiar y ejecutar infraestructuras de agua?
Las necesidades pueden ser globales, pero los proyectos siempre son locales. En Oriente Medio existe una larga experiencia en desalación y en modelos de colaboración público-privada, con contratos de compra de agua de largo plazo y procesos competitivos muy desarrollados. En Latinoamérica cobran especial relevancia el agua para la minería y la industria, la complejidad territorial y factores como el riesgo regulatorio, cambiario o de construcción. En Asia-Pacífico encontramos mercados muy diversos, donde la escala urbana y la asociación con operadores locales son determinantes; y en Europa pesan especialmente la regulación ambiental, la eficiencia y la renovación de activos.
Estas diferencias modifican la financiación, el reparto de riesgos y el calendario de ejecución. Una empresa internacional no puede trasladar mecánicamente un modelo de un país a otro. Debe combinar estándares globales con conocimiento local, entender la institucionalidad de cada mercado y estructurar cada proyecto desde sus condiciones reales.
- ¿Cómo valora Almar Water el papel de la colaboración público-privada en la expansión internacional de este tipo de proyectos?
La colaboración público-privada es una herramienta fundamental cuando está bien diseñada. Permite movilizar capital privado, incorporar conocimiento especializado y vincular la remuneración al rendimiento del activo. Para la Administración, esto puede acelerar infraestructuras necesarias sin renunciar al control sobre la calidad y los objetivos del servicio. Para el inversor, aporta visibilidad y un marco estable para comprometer recursos a largo plazo.
Su valor, sin embargo, no reside en privatizar el problema, sino en distribuir responsabilidades entre quienes mejor pueden gestionarlas. La parte pública debe fijar prioridades, garantizar una regulación clara y proteger el interés general; la privada debe aportar financiación, eficiencia, innovación y responsabilidad sobre los resultados. Cuando existe transparencia y una asignación equilibrada de riesgos, el modelo genera relaciones duraderas y proyectos replicables en otros mercados.
- ¿Qué importancia están adquiriendo la sostenibilidad, la eficiencia energética y la trazabilidad en las licitaciones y contratos internacionales?
Han dejado de ser criterios complementarios para convertirse en elementos centrales de la adjudicación y la financiación. En una planta de tratamiento o desalación, la energía representa una parte muy relevante del coste operativo y de la huella de carbono. Por eso, pequeñas mejoras de eficiencia mantenidas durante veinte o veinticinco años tienen un impacto económico y ambiental enorme. Lo mismo ocurre con la recuperación de recursos, la gestión de salmueras o la incorporación de energías renovables.
La trazabilidad permite, además, demostrar ese rendimiento. Clientes, reguladores y financiadores demandan datos verificables sobre consumo, calidad del agua, emisiones y disponibilidad del activo. Esto está trasladando el foco desde el menor coste inicial hacia el coste y el impacto de todo el ciclo de vida. En las licitaciones más maduras, ya no basta con prometer sostenibilidad: hay que medirla, reportarla y asumir compromisos contractuales sobre ella.
- ¿Qué capacidades deben reunir las empresas que quieran integrarse en la cadena de valor internacional del sector agua?
Deben aportar una especialización clara y, al mismo tiempo, ser capaces de integrarse en ecosistemas complejos. Los grandes proyectos reúnen promotores, ingenierías, constructores, operadores, financiadores, fabricantes y empresas digitales. Para formar parte de esa cadena de valor son imprescindibles la excelencia técnica, referencias demostrables, cumplimiento de estándares internacionales y una cultura sólida de seguridad, calidad y sostenibilidad.
También hacen falta flexibilidad y capacidad de colaborar. Internacionalizarse exige adaptar la propuesta a cada mercado, responder con rapidez y acompañar al cliente durante toda la vida del proyecto. España dispone de una cadena de valor del agua muy competitiva; el reto es convertir ese conocimiento en soluciones escalables, con vocación de servicio y una presencia internacional sostenida.
- ¿Cómo puede una pyme innovadora encontrar espacio en proyectos internacionales de gran escala vinculados al agua?
Una pyme no necesita competir en toda la cadena: necesita resolver un problema relevante mejor que nadie. Puede encontrar su espacio en tecnologías de membranas, eficiencia energética, detección de fugas, monitorización, analítica de datos, tratamiento avanzado o mantenimiento especializado. En proyectos de gran escala, una solución capaz de reducir costes, riesgos o consumo de recursos puede tener un impacto considerable.
El camino más eficaz suele ser colaborar con promotores, operadores e ingenierías que ya conocen el mercado y pueden integrar esa innovación. Para ello es importante validar la tecnología en condiciones reales, cuantificar el beneficio, obtener las certificaciones necesarias y ofrecer capacidad de soporte. La innovación entra en los grandes proyectos cuando deja de percibirse como un riesgo y se convierte en una mejora medible del rendimiento.
- ¿Qué tendencias tecnológicas están transformando hoy el negocio internacional del agua?
La primera gran tendencia es la convergencia entre tecnología del agua, energía y datos. Membranas más eficientes, sistemas avanzados de recuperación de energía y mejores procesos de pretratamiento continúan reduciendo el coste de la desalación. En reutilización, los tratamientos avanzados permiten producir agua con una calidad específica para cada uso y recuperar recursos que antes se consideraban residuos.
La digitalización está cambiando, además, la forma de operar. Sensores, gemelos digitales, inteligencia artificial y mantenimiento predictivo permiten anticipar fallos, optimizar consumos y alargar la vida de los activos. La tecnología decisiva no será necesariamente la más llamativa, sino la que demuestre fiabilidad a escala y convierta los datos en decisiones operativas. En el agua, innovar significa lograr más seguridad y eficiencia sin comprometer la continuidad de un servicio esencial.
- ¿Qué consejo práctico daría Almar Water a otras empresas especializadas en el sector del agua que quieran internacionalizarse?
Les diría que elijan bien dónde pueden aportar un valor diferencial y que construyan desde ahí una estrategia de largo plazo. Internacionalizarse no consiste en presentarse a todas las oportunidades, sino en comprender a fondo unos pocos mercados prioritarios: su regulación, sus clientes, sus procesos de decisión y los socios con los que se puede crecer. Una primera referencia bien ejecutada vale más que una presencia comercial dispersa.
También deben prepararse para invertir tiempo. En infraestructuras, la confianza se construye antes de la adjudicación y se demuestra después, durante la ejecución y la operación. Tener talento internacional, presencia local y disciplina para seleccionar riesgos es tan importante como la capacidad técnica. La ambición global debe ir acompañada de paciencia, consistencia y voluntad real de permanecer en el mercado.
