Entrevista a Juan de Lucio, profesor e investigador de la Universidad de Alcalá

«Es necesario abordar la internacionalización desde una perspectiva holística de la empresa»

El Club de Exportadores e Inversores ha creado un Comité de Reflexión sobre Internacionalización con el fin de estudiar y debatir los grandes temas que afectan a la actividad exterior de las empresas españolas. La primera nota técnica del Comité ha corrido a cargo de Juan de Lucio, profesor de la Universidad de Alcalá, que ha analizado la desaceleración de las exportaciones españolas. En su opinión, la competitividad internacional que han alcanzado nuestras empresas y su creciente vocación exportadora son elementos esperanzadores en el medio y largo plazo, a pesar de la coyuntura actual de incertidumbre económica e institucional.

¿Por qué se están desacelerando las exportaciones españolas?

La economía española ha sabido afrontar los retos (mercado único, euro…) ampliando su presencia en el exterior. Ante una profunda crisis internacional y de la economía española (2008), seguida del colapso del comercio internacional (2009), las empresas españolas han dado un salto adicional de internacionalización, una vez más con éxito. A partir de 2013 se ha observado una etapa muy favorable de crecimiento de las ventas al exterior, que además se ha producido en una situación de recuperación de la economía española. Más recientemente, en 2018, se ha observado un cierto estancamiento de las exportaciones debido a la finalización de un ciclo muy positivo para el comercio exterior de España, el repunte de la demanda doméstica y un entorno exterior menos proclive al comercio.

El contexto internacional es adverso para todos, pero las exportaciones españolas registran desde 2018 una evolución más negativa que la media de la zona euro. ¿A qué lo atribuye?

La evolución histórica puede ayudar a explicar esta mayor desaceleración: España ha venido ganando cuota de mercado en las exportaciones mundiales desde 2013, con crecimientos de las exportaciones por encima del avance del resto del mundo. Es un comportamiento atípico, por lo que en parte cabía esperar una corrección algo más pronunciada.

Además, hay elementos de especialización sectorial y por países: España tiene una elevada dependencia energética del exterior y un fuerte peso de la exportación de vehículos. El sector del automóvil aproximadamente representa el 11% de las ventas al exterior. La caída acumulada este año en la exportación de vehículos hasta mayo es del 8%, lo que ha restado un punto porcentual al crecimiento agregado. De algún modo, esta situación es asimilable a lo que ha sucedido en Alemania, gran exportador de automóviles y el otro gran país de la zona euro que más está sufriendo en términos de exportaciones.

¿Cree que la desaceleración es el preludio de una caída de la exportación?

En el corto plazo, las incertidumbres económicas e institucionales tanto globales como nacionales no favorecen la exportación y la inversión. Aun así, las exportaciones han dejado de desacelerarse, tal y como lo hicieron en 2018, en la primera mitad de este año. Para hacer predicciones a medio y largo plazo, debemos mirar los factores fundamentales de la evolución de las ventas al exterior, como son la competitividad y la vocación exterior de las empresas, y en ambos factores tenemos noticias positivas.

La competitividad ha evolucionado muy favorablemente desde 2013. Probablemente la reforma laboral de 2012 haya ayudado a contener el crecimiento de precios y salarios, pero también la intensidad de la crisis y la creciente competencia —de empresas y países— han mantenido un proceso de devaluación interna que ha perdurado hasta la actualidad. En cualquier caso, España no solo compite vía precio, sino que cada vez son más reconocidos internacionalmente la marca, la calidad y otros elementos intangibles. Para seguir avanzando, debemos consolidar las reformas realizadas y estimular la innovación desde su germen más temprano, la I+D y la iniciativa empresarial.

En relación con la vocación exterior de las empresas, cada vez nacen más empresas con vocación internacional, que entienden que su mercado de referencia es el global. Así, observamos un crecimiento en el número de exportadores y en el número de aquellos que exportan con regularidad, y una mayor diversificación de productos y destinos, que es muy favorable para la estabilidad y el crecimiento de las ventas al exterior.

Ha mencionado la devaluación interna como un factor determinante en el crecimiento de las exportaciones en los últimos años. ¿En qué ha consistido esa devaluación?

Durante el último siglo, los periodos de superávit comercial de la economía española han sido originados básicamente por devaluaciones de la peseta o por la desaparición de la competencia (guerras mundiales). Estos repuntes nunca fueron duraderos y rápidamente desaparecían los saldos comerciales positivos. La duración y magnitud del superávit comercial observado a partir de 2013 no tiene precedentes. La imposibilidad de la devaluación nominal en el contexto de la moneda única ha ocasionado que la recuperación de la capacidad de vender al exterior se haya apoyado, en mayor medida, en una contención de precios, costes y salarios (devaluación real) que, junto con otros factores de competitividad no precio, ha permitido a las empresas españolas vender sus productos y servicios al exterior de manera sostenida, diversificando mercados y productos.

¿Qué impacto concreto ha tenido la reforma laboral de 2012 en el sector exterior?

Uno de los factores que se han señalado como posible explicación de la evolución positiva del sector exterior ha sido la reforma laboral de 2012. Salas (2018) estima que las reformas del mercado laboral representaron entre una décima y una cuarta parte del posterior crecimiento de las exportaciones.

En un trabajo reciente, Bande y De Lucio (2019) ponen de manifiesto la relación entre la reforma laboral de 2012 y el crecimiento de las exportaciones regionales posterior a la reforma laboral. Aquellas regiones en las que el impacto de la reforma ha sido más intenso (más “flexibilización” laboral) son también las que han experimentado crecimientos de sus exportaciones más elevados.

La reforma laboral parece haber afectado positivamente al comportamiento favorable del mercado de trabajo y al crecimiento de las exportaciones. Esta evidencia está en línea con lo señalado por Doménech et al. (2018). Una visión alternativa la proporcionan Villanueva et al. (2017), que señalan que la reforma afectó a las importaciones y no tanto a las exportaciones.

¿Cómo ha cambiado la base exportadora española en los últimos años?

La evolución del número de nuevos exportadores ha sido muy positiva y ha seguido creciendo incluso en una etapa de desaceleración del valor exportado. Algunas de las empresas que se inician ahora en la exportación serán grandes exportadores en unos años. Sin embargo, siendo importante la aparición de nuevos exportadores para la estabilidad y el futuro de nuestro sector exterior, en el corto y medio plazo juega un papel secundario en relación con el valor exportado.

En el medio y largo plazo, la aportación al crecimiento de las exportaciones por el incremento de empresas exportadoras, junto con el aumento de mercados y productos de las empresas que ya exportan, supone la mitad del crecimiento de las exportaciones. La otra mitad es la intensificación de relaciones existentes. En este sentido, es importante que las nuevas empresas se inicien en la exportación con vocación de permanencia.

La favorable evolución de las exportaciones tras el colapso del comercio internacional se ha sustentado en un mayor número de empresas regulares (aquellas que al menos exportan durante cuatro años seguidos). Ésta es una variable más relevante y menos errática que la del número de operadores que venden en el exterior. Estas empresas han sido capaces de ampliar mercados y productos. Tras la crisis del comercio internacional, el papel de estas empresas estables en el comercio es todavía más importante que antes de 2009.

¿Qué nuevas medidas hacen falta, en su opinión, para reanimar las exportaciones en este contexto de desaceleración?

Sigue siendo necesario realizar políticas integradas de impulso de la competitividad y la internacionalización. Es necesario abordar la internacionalización desde una perspectiva holística de la empresa. Así, son necesarias actuaciones en capital humano, infraestructuras tecnología, I+D+i, marca y otros factores que afectan a la competitividad empresarial. También considero muy favorable estimular el crecimiento de la empresa. Finalmente, es necesario evaluar y modernizar los programas de apoyo y dotarles de los recursos apropiados.

Usted menciona en la nota técnica el “agotamiento del avance en las cadenas globales de valor”. ¿Podría darnos más información al respecto?

Recientemente se ha publicado la segunda edición de un informe sobre el avance de las cadenas globales de valor en el que participan el Banco Mundial, la OCDE y la OMC, entre otras instituciones. El documento pone de manifiesto que el crecimiento de las cadenas globales de valor mundiales se ha desacelerado desde la crisis internacional de 2008.

Las nuevas tecnologías afectan a las cadenas globales de manera incierta: la reducción de costes puede reducir la longitud de las cadenas de suministro, mientras que la reducción de los costes de coordinación y emparejamiento pueden estimular su desarrollo, favoreciendo por ejemplo a las pymes. Por otra parte, el comercio de datos y servicios, menos expuesto a la fragmentación, está creciendo más rápidamente que el intercambio de bienes. Finalmente, las distorsiones que puede generar la expansión del comercio y de las cadenas globales (por ejemplo, desigualdad, cuestiones medioambientales, sociales…, efectos que deben ser paliados con políticas amplias e integrales) han generado un cierto descontento social que generan incertidumbre y retraen en muchas ocasiones las decisiones empresariales y la expansión de las cadenas.

¿Cómo está afectando el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China a las exportaciones españolas?

Las guerras no son buenas y las comerciales no son la excepción. La confrontación y el creciente enconamiento de las relaciones comerciales están alcanzando cotas importantes. De alguna manera, la política comercial de Estados Unidos en los últimos tiempos supone la gradual retirada de lo que en ocasiones se ha llamado el imperialismo americano. El retroceso en el liderazgo global en el impulso de los valores del libre comercio y el repliegue interno disminuye la capacidad de influencia mundial de la principal economía del planeta.

Creo que no es solo una guerra comercial, sino una batalla dentro de un enfrentamiento geopolítico subyacente de mayor calado. El comercio es y será uno de los principales canales de influencia de los imperios a través de los tiempos y por ello es tan importante geopolíticamente. España, dentro de Europa, debe jugar su papel autónomo y distintivo de defensa de los valores de la integración y coordinación de políticas que caracterizan a la Unión Europea, evitando entrar en enfrentamientos abiertos y alineamientos indiscriminados con políticas que se alejan de estos valores.

De manera más concreta, España se verá afectada, como todos los países, por las disputas comerciales que lastran el crecimiento global y los mercados internacionales. Su posición estratégica en la Unión Europea y en América Latina puede limitar el impacto negativo de la disputa entre China y Estados Unidos.

Septiembre de 2019