La inflación lastrará la contribución del sector exterior al crecimiento
Antonio Bonet (presidente del Club)
Expansión
9 de marzo de 2022
La invasión de Ucrania por parte de Rusia no solo ha sorprendido a las empresas exportadoras españolas con operaciones en esos dos países, que han visto cómo de la noche a la mañana se veían suspendidas casi todas sus operaciones financieras y comerciales, sino que tendrá consecuencias económicas para empresas y ciudadanos españoles en general, sin que aún las podamos anticipar de manera exacta, si bien ya estamos sufriendo algunas de ellas.
Los efectos de esta guerra se notarán en los bolsillos de los españoles, tanto de forma directa como indirecta. Entre los primeros hay que señalar la subida de los precios de aquellos productos que comprábamos en Ucrania, como el trigo o el aceite de girasol. De hecho, España compra en Ucrania un 30% del maíz y del trigo que consumimos y el 70% del aceite de girasol. Y entre los segundos, que son incluso más importantes, se encuentra la subida general de la inflación por el incremento del precio del gas y del petróleo en los mercados internacionales, que termina filtrándose de forma instantánea en los precios de los carburantes y de la electricidad que consumimos en España.
Se trata de unos efectos que se derivan del papel que tiene Rusia en la economía global, como proveedor de materiales primas, gas y petróleo; no de su tamaño como economía, cuyo PIB es algo superior al de España, ni tampoco de los derivados de nuestras relaciones comerciales bilaterales con ambos países, que representan para España unos volúmenes bastante limitados si se ponen en contexto.
A pesar de ello, no podemos pasar por alto que las empresas con relaciones comerciales en ambos países y con presencia en ellos van a tener que renunciar por el momento y, por un tiempo indeterminado, a sus operaciones, dado el cierre completo de la actividad de transporte marítimo y aéreo y la imposibilidad de llevar a cabo transacciones financieras.
Los datos del Ministerio de Comercio señalan que en 2021 España importó de Rusia por valor de 6.033 millones, mientras que las exportaciones alcanzaron los 2.213 millones de euros. Por su parte, en Ucrania se importó por valor de 1.547 millones de euros y se exportó por 681. En conjunto, apenas suponen el 2,2% de las importaciones y el 1% de las exportaciones españolas, lo que ha provocado que el conflicto genere tensiones en algunos sectores, como los ya citados de petróleo y gas, transporte, alimentación, automoción, química y confección.
Sin embargo, las relaciones comerciales con la Unión Europea tienen otro calado. Según los datos de la Comisión Europea (CE), publicados en 2020, Rusia es el quinto socio comercial de la Unión Europea y representa un 4,8% del su comercio de mercancías, mientas que para Rusia la UE es su mayor socio comercial y supone el 37,3% de su comercio de bienes. Como ejemplo, baste decir que proporciona alrededor del 40% del gas que consume Europa.
A este respecto, hay que señalar que en el caso de que se produjese un parón del suministro, lo que aún no ha ocurrido, España se vería afectada, aunque mucho menos que otros países europeos, en tanto que solo un 10,43% de todo el gas que importamos proviene de Rusia, siendo nuestros mayores proveedores Argelia (29,05%) y Estados Unidos (15,87%). En cuanto al petróleo Rusia fue nuestro segundo proveedor precedido por Nigeria (12,09%).
Aparte de las relaciones comerciales bilaterales con los dos países, la otra manera de tasar los intereses económicos de España deriva la presencia del capital español. En este sentido la inversión directa española en Ucrania es muy pequeña. De hecho, el país ocupa el puesto 87 entre los destinos inversores de España en el exterior, y el stock de inversión ronda los 60 millones de euros. En cuanto a Rusia, en 2019 ocupó la posición número 36 en el ranking de países donde España invierte, con un stock de inversión español de 1.021 millones de euros, que se concentra en comercio mayorista (45,8% del total), extracción de petróleo (14,6%), comercio minorista (13,12%), fabricación de carburantes (10,54%) y fabricación de plásticos (7,38%).
Ante esta grave situación para los países europeos, inédita desde muchos puntos de vista en la perspectiva histórica más reciente, resulta difícil poder adoptar soluciones que puedan tener un impacto inmediato. La fuerte presión sobre los precios que llevamos padeciendo desde hace meses, y que se ha visto agravada ahora por la guerra en Ucrania, supone para los Gobiernos de los países occidentales enfrentarse al doble desafío de buscar fuentes de suministros energéticos al margen de Rusia y tratar de contener la inflación que está despuntando. Ambos temas son fuente de incertidumbre, que lastran el consumo y la inversión empresarial. ¿A qué precio puede llegar el gas y el petróleo? ¿Van los bancos centrales a retrasar las anunciadas subidas de tipos de interés?
En el caso de España, que ya tenemos una inflación más alta que las de nuestros principales socios, parecería aconsejable, como de hecho ya se está hablando, apelar a la responsabilidad de los agentes económicos para realizar un esfuerzo de contención de salarial que nos lleve a cebar la inflación con más inflación, lo que tendría un efecto muy negativo para la competitividad exterior de nuestras empresas. En esta misma dirección, el sentido común nos dice que habría que hacer un esfuerzo de moderación de impuestos, lo que conllevaría también una contención por la parte del gasto público, principalmente por la vía de mejorar su eficiencia.
En cualquier caso, sin poder determinar con exactitud las consecuencias económicas que se derivarán para España del conflicto, lo que sí parece claro es que impactará de lleno sobre indicadores clave como la inflación, reduciendo nuestra competitividad exterior y echando por tierra las proyecciones macroeconómicas previstas para España y la Eurozona para el 2022.

