¿Nos sacará el sector exterior de la «coronacrisis»?

Antonio Bonet (presidente del Club)
Expansión
22 de abril de 2020

La emergencia sanitaria que vivimos en estos días nos enfrenta inexorablemente a un escenario de recesión económica del que aún no podemos conocer cuál será su magnitud ni su duración. Sin embargo, lo que sí podemos avanzar es que dependerá de tres factores: del tiempo que tarde el sistema productivo en recuperar la velocidad de crucero, del grado de destrucción del tejido productivo que se produzca durante la “coronacrisis”, y del alcance de la crisis económica en el resto de países de la Unión Europea, nuestro principal cliente y proveedor.

Otro de los hechos que parece claro es que, en contra de lo que aventuraban expertos y autoridades hace algunas semanas, la recuperación de la crisis no tendrá forma de “V”, sino más bien de “U”. Y es que, al contrario de lo que ha sucedido en otras recesiones, esta vez convergen tres factores desencadenantes: una crisis de oferta, una crisis de demanda y la destrucción parcial del tejido productivo.

La crisis de oferta viene provocada fundamentalmente por una reducción de la oferta de trabajo. Muchos trabajadores han pasado a estar confinados o están siendo mucho menos productivos debido a la imposibilidad –o a las limitaciones– del teletrabajo en algunos sectores; piénsese, por ejemplo, en el caso de padres de familia que tienen que atender en casa a sus hijos sin colegio. Además, la emergencia sanitaria ha obligado a cerrar temporalmente numerosas actividades productivas (sobre todo del sector servicios), que no volverán a ponerse a pleno rendimiento de la noche a la mañana. A esto hay que sumar la interrupción temporal de las actividades empresariales no esenciales, que ha acelerado la ya iniciada ruptura de las cadenas de valor y de suministro de insumos para la industria.

Además, la “coronacrisis” está causando una crisis de demanda motivada por el confinamiento de la población, que ha reducido de manera drástica el consumo y ha paralizado la compra de bienes duraderos, como electrodomésticos o automóviles. Esta caída del consumo privado se debe también al temor de cientos de miles de españoles a ver reducidos sus ingresos, aparte de la toma de conciencia de la propia “pérdida de riqueza”. Por si fuera poco, la drástica caída de la Bolsa hace que el valor de los ahorros de muchos españoles (planes de pensiones, fondos de inversión…) se haya reducido hasta en un 30%.

La tercera característica de la recesión que está por venir es la destrucción del tejido productivo, bien por problemas de liquidez o por quiebra de empresas. Muchas pymes han pasado de la noche a la mañana a tener ingresos cero, y otras muchas los han visto disminuir drásticamente. Sin embargo, los gastos no se reducen en la misma proporción. En los ERTE, por ejemplo, la empresa sigue pagando a la Seguridad Social, aunque haya tenido que cesar completamente su actividad. En los próximos meses las empresas se van a enfrentar a serios problemas de liquidez que pueden obligarlas a cerrar. Es justo reconocer que el Gobierno está facilitando la inyección de 100.000 millones de euros mediante avales para que la banca conceda o renueve préstamos a pymes y grandes empresas. Pero no podemos asegurar que la cantidad sea suficiente y que el porcentaje de cobertura de riesgo de los avales aprobado no limite el apetito de la banca por asumir riesgos crediticios, que en muchos casos tendrán dudosa calidad.

Desventajas de partida

Ante esta situación, la obligación de todos es plantear soluciones. Desde el Club de Exportadores e Inversores Españoles estamos convencidos de que el sector exterior –que genera el 35% del PIB nacional– puede contribuir, una vez más, a sacar a España de la recesión. Pero no será un proceso fácil ni rápido, ya que partimos con algunas desventajas. Por una parte, hay que tener en cuenta que nuestros competidores también van a intentar aumentar sus exportaciones, y que en función del grado de parálisis que hayan experimentado sus economías durante la crisis sanitaria pueden estar situados en una posición más favorable que la nuestra. Asimismo, nuestras ventas al exterior han ido perdiendo paulatinamente competitividad en los últimos años. En 2019, las exportaciones de mercancías crecieron apenas un 1,8% frente al 3,3% de 2018 y el 7,7% de 2017.

En este contexto, es urgente que el Gobierno español ponga en marcha políticas para evitar el cierre de empresas, potenciar su competitividad internacional y promover la penetración en nuevos mercados emergentes con gran potencial de crecimiento, como África o Asia. Para favorecer la competitividad empresarial, desde el Club de Exportadores venimos reclamando no subir la carga impositiva y las cuotas a la Seguridad Social que soportan las empresas, así como arbitrar medidas que favorezcan el aumento del tamaño de las pymes, entre otras medidas.

Para aumentar la presencia española en África o en Asia, entendemos que es necesario, por ejemplo, disponer de instrumentos de apoyo financiero a la exportación equiparables en su funcionamiento al de nuestros competidores europeos, e intensificar considerablemente la diplomacia comercial en estos países.

Nuestras empresas exportadoras ya han demostrado en el pasado que tienen ambición por aumentar su presencia internacional, generando crecimiento y empleo para la economía española incluso en las coyunturas más adversas. La “coronacrisis” no va a provocar un cambio en sus estrategias. Pero para conseguirlo en un corto plazo de tiempo necesitan que la economía española recupere rápidamente velocidad de crucero y que se arbitren de manera urgente medidas de apoyo a la internacionalización.