La Unión Europea y su estrategia con China: confrontar, competir, cooperar

Por Enrique Fanjul, Iberglobal/Comité de Reflexión sobre Internacionalización del Club de Exportadores

Este artículo pertenece al nº40 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía

española”.

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21 de julio 2025 /

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En estos últimos días de julio se celebra en Beijing la cumbre entre la Unión Europea y China. Para la UE el desarrollo de una estrategia con China es una de las grandes tareas que debe afrontar en su política exterior. Los obstáculos y las diferencias son numerosos. Pero dado el peso político y económico de la potencia asiática, encontrar un acomodo es una tarea imprescindible.

En los últimos tiempos se ha multiplicado los desencuentros entre la UE y China, tanto en el ámbito económico como en el político. La UE aprobó la imposición de aranceles sobre la importación de vehículos eléctricos chinos, una medida a la que Beijing respondió con el anuncio de medidas contra las importaciones de algunos productos europeos. La UE ha anunciado hace algunas semanas restricciones a la participación de empresas chinas en concursos para suministros de productos médicos. Estas restricciones se amparan en el marco del instrumento de contratación internacional aprobado por la UE en 2022, y se deben a las prácticas en el mercado chino de contratación de productos médicos, que según la Comisión Europea discriminan injustamente a empresas y productos europeos. La UE puso en marcha una investigación sobre una inversión de la empresa automovilística china BYD en Hungría, por posible empleo de subvenciones ilegales.

El exceso de capacidad en sectores industriales chinos se encuentra en el trasfondo de buena parte de estos conflictos económicos, de los que he mencionado sólo algunos ejemplos. Los excesos de capacidad en diversos sectores chinos, respaldados por ayudas estatales, están impulsando un fuerte aumento de sus exportaciones. Esta situación amenaza a los sectores afectados, en países desarrollados y en desarrollo.

China niega este exceso de capacidad y atribuye el aumento de sus exportaciones a su competitividad e innovación.

Fuente: Consejo de la UE

Por otra parte, han aumentado de forma notable las quejas de las empresas europeas (y de otros países) por las restricciones y discriminaciones que encuentran en su acceso al mercado chino.

En pocos años, Europa ha pasado de ver a China como una oportunidad atractiva de negocios a considerarla una amenaza para la industria europea por sus exportaciones masivas y baratas.

Por otro lado, la seguridad ha cobrado una relevancia clave, tanto por factores geopolíticos como por riesgos como la pandemia. En Europa ha aumentado la conciencia de que es necesario evitar la excesiva dependencia externa en sectores estratégicos. El nuevo enfoque propugnado desde la Comisión Europea es el de-risking: no se trata de desacoplamiento, sino de reducir los riesgos relacionados con esas dependencias.

En política internacional, el principal punto de desacuerdo es la guerra en Ucrania, por el posible apoyo militar o de suministro de materiales y equipos de doble uso que China suministra a Rusia.

Existen otros puntos de fricción política, como los casos de espionaje chino en Europa, o las campañas de desinformación e influencia que se estarían llevando a cabo desde China.

En Europa, un obstáculo es la falta de consenso respecto a la política hacia China. China procura aprovechar las diferencias internas tanto en la Unión Europea como en la OTAN. España ha adoptado una postura orientada a la cooperación con China, lo que ha generado recelos en algunos países europeos.

El de-risking es inevitable y conlleva un coste económico. La seguridad y el control de sectores estratégicos son ahora criterios clave en la política económica exterior de muchos países, incluida la UE, aunque ello implique sacrificios en eficiencia y rentabilidad.

Fuente: Consejo de la UE

¿Cómo debe articularse la política de la UE hacia China? El Partido Popular Europeo, en un documento de estrategia de hace algunos años, sintetizaba su propuesta en lo que vino a ser conocido como las “Tres C”: Cooperar cuando sea posible, Competir cuando haga falta, Confrontar cuando sea necesario.

El campo para la cooperación es muy amplio: cambio climático, vehículos eléctricos, energías renovables, ayuda al desarrollo de los países pobres, cooperación entre empresas chinas y europeas para el desarrollo de proyectos, etc. Los enfrentamientos comerciales con Estados Unidos contribuirán probablemente a favorecer esta cooperación.

En segundo lugar, la UE, y sus empresas, competirán con empresas chinas en el desarrollo de proyectos de infraestructura, redes de transporte, nuevas tecnologías, minería, etc.

Finalmente, el escenario de confrontación también es muy amplio: derechos humanos, las acusaciones de trabajo forzoso en Xinjiang, la supresión de libertades en Hong Kong (y el encarcelamiento de activistas políticos del territorio), el apoyo de China a Rusia en Ucrania, la creciente agresividad de China en Taiwan.

En cada una de las “Tres C” el abanico de posibilidades es amplio.

El de-risking no implica renunciar a cooperar con China. A pesar de las diferencias y conflictos, es importante mantener el diálogo y buscar soluciones negociadas para abordar retos globales de manera conjunta.