«El futuro de España está fuera de España»

Balbino Prieto
Revista Ejecutivos
Febrero de 2015

Uno de los cambios más profundos que se han operado en la economía española durante los últimos años ha sido el fortalecimiento del sector exterior y su consolidación como uno de los pilares de nuestro sistema productivo. A falta de conocer los datos definitivos del año pasado, se puede afirmar que las exportaciones han aumentado aproximadamente un 50% desde 2010, hasta alcanzar una cuantía superior a los 240.000 millones de euros. Las ventas al exterior representan ya un tercio de la riqueza nacional, lo que convierte a España en la segunda potencia exportadora de la Unión Europea, sólo por detrás de Alemania.

El fortalecimiento del sector exterior español, a diferencia de lo ocurrido en otros países, no se ha basado en una devaluación de la moneda local. Por el contrario, ha sido fruto de un esfuerzo muy costoso que han realizado nuestras empresas, ante la debilidad de la demanda interna, para salir al exterior y competir con éxito en los mercados internacionales.

Ese esfuerzo se ha traducido, en primer lugar, en una notable ampliación de la base exportadora. En el año 2013 se registraron más de 151.000 compañías con actividad internacional, y a falta de los datos definitivos cabe estimar que en 2014 esa cifra aumentó hasta las 160.000 empresas. Teniendo en cuenta que en 2009 había menos de 110.000, en los últimos cinco años la base exportadora se ha incrementado casi en un 50%.

En segundo lugar, la competitividad internacional que han adquirido las empresas españolas se manifiesta en una creciente diversificación geográfica de las exportaciones. Durante los últimos años, la zona euro ha perdido peso como destino de nuestras ventas al exterior, aunque continúa siendo con diferencia nuestro principal cliente comercial. Frente a la debilidad de la zona euro, las empresas españolas han sabido reorientar sus ventas hacia las regiones emergentes. Así pues, desde el año 2010, las exportaciones a Asia han aumentado un 100%; las dirigidas a Iberoamérica, más de un 80%; y las que tienen como destino el continente africano, más de un 75%.

Otro factor que, sin duda, ha contribuido al fortalecimiento del sector exterior es la variedad de nuestra oferta exportadora, en la que tienen un peso cada vez mayor los productos con un componente tecnológico medio-alto. Los bienes de equipo constituyen la principal partida de exportación de la economía española y suman, junto con el sector automóvil y los productos químicos, el 50% de nuestras ventas al exterior.

Desde el Club de Exportadores e Inversores consideramos que es de vital importancia que nuestras empresas mantengan el nivel de competitividad internacional alcanzado en los últimos años para que las exportaciones continúen siendo uno de los motores de crecimiento de la economía española. Es cierto que históricamente el sector exterior ha mostrado un comportamiento contracíclico con respecto al PIB: las exportaciones repuntaban en tiempos de crisis para amortiguar la caída de la demanda interna, y retrocedían conforme el consumo y la inversión remontaban. Sin embargo, ahora que se han sentado las bases para la recuperación de la economía española, sería un grave error cejar en el esfuerzo de internacionalización que han realizado nuestras empresas puesto que —tal como afirmó el presidente del Real Instituto Elcano, Emilio Lamo de Espinosa, en la entrega de los XII Premios a la Internacionalización Club de Exportadores e Inversores— «el futuro de España está, en gran medida, fuera de España».

En efecto, nuestro país es un mercado maduro, con un potencial de crecimiento interno más bien limitado, de manera que el progreso económico está subordinado indefectiblemente a la demanda externa. Si España quiere lograr unas tasas de crecimiento suficientes para preservar su nivel de desarrollo económico y social, deberíaorientar su tejido productivo hacia los mercados internacionales, y en especial hacia los países emergentes, que conforman el principal foco de crecimiento de la economía mundial.

Por fortuna, la coyuntura económica actual es propicia a los proyectos de internacionalización de las empresas españolas. El desplome del precio del barril de petróleo supone una buena noticia en tanto que estimula la demanda mundial y reduce nuestros costes de exportación a los países de la zona euro. La depreciación del euro frente al dólar también contribuye a reforzar la competitividad internacional de los bienes y servicios producidos en España.

En un mundo cada vez más globalizado, la competitividad es una condición imprescindible para salir al exterior; pero la clave para obtener una ventaja competitiva sostenible en el tiempo no consiste en reducir costes —estrategia cortoplacista propia de países en desarrollo—, sino en apostar por la innovación como herramienta para elaborar productos de alto valor añadido. En realidad, se puede afirmar que internacionalización e innovación son dos caras de la misma moneda.

Ahora bien, salir a competir a otros países con un producto innovador no está al alcance de todas las empresas. Requiere un periodo de maduración y un volumen de recursos humanos y financieros del que hoy por hoy carece buena parte de las pymes españolas. La experiencia demuestra que el tamaño supone un factor determinante para la internacionalización empresarial. Aunque no existe un umbral a partir del cual esté garantizado el éxito, cuanto mayor es una compañía, más facilidades tiene para asumir los costes derivados de la entrada en los mercados internacionales. El problema radica en que la pyme española es relativamente más pequeña que sus homólogas europeas. Por ejemplo, las compañías con menos de diez empleados constituyen el 94,4% del tejido empresarial español, frente al 81,8% del empresariado alemán, según datos de Eurostat. La solución pasa por impulsar las fusiones corporativas y por articular fórmulas de cooperación interempresariales que doten a los exportadores del tamaño suficiente para encarar con perspectivas de éxito los costes que implica la apertura al exterior.

Internacionalizarse exige también tomar conciencia de los riesgos de muy diversa naturaleza (políticos, económicos, financieros, jurídicos…) que corren las empresas en el marco de su actividad exterior. Ante el aumento de los intereses de las compañías españolas fuera de nuestras fronteras, la inteligencia empresarial se revela como una herramienta imprescindible de apoyo al sector exterior. Tanto las grandes empresas como las pymes deben preocuparse por analizar el entorno en que desarrollan sus negocios internacionales, pues así serán capaces de obtener las claves necesarias para tomar las decisiones más oportunas desde el punto de vista estratégico y operativo.

Gracias a la competitividad internacional adquirida en los últimos años, el sector exterior está en condiciones de seguir contribuyendo de forma decisiva al crecimiento de la economía española. Para ello, es preciso que la Administración pública promueva un entorno legal y tributario favorable a la internacionalización del tejido empresarial y que ponga en marcha programas de financiación ambiciosos, a semejanza de lo que ocurre en algunos países de nuestro entorno, para que nuestras empresas —líderes mundiales en sectores tan diversos como las infraestructuras, la banca, las telecomunicaciones, las energías renovables o la moda— puedan aprovechar plenamente las innumerables oportunidades de negocio que ofrecen los mercados internacionales.