Exportación: locomotora que reduce velocidad

Por Antonio Bonet Madurga, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles

Artículo publicado en Expansión.  

Desde la Gran Crisis de 2008, la exportación española ha sido uno de los protagonistas de la recuperación y el crecimiento de nuestra economía en los últimos quince años: si en 2007 el sector exterior representaba el 23% del Producto Interior Bruto, en 2022 este porcentaje había escalado hasta más del 41 %. El año pasado, sin embargo, bajó al 39%.

Vender en el extranjero fue una de las estrategias que muchas empresas españolas pusieron en práctica para hacerse más resilientes frente a la crisis, y cuando esta se superó, ya habían adquirido el acervo necesario para convertir en permanente la presencia de sus productos en el exterior.

Fue así como, año tras año, la exportación de bienes y servicios fue batiendo récords, tanto en volumen de unidades vendidas como en valor, hasta alcanzar en 2022 el punto más alto de la serie, por un importe total de casi 390.000 millones de euros. Desde entonces, las exportaciones de bienes han iniciado un suave pero preocupante descenso. En 2023 alcanzaron solamente los 384.000 millones de euros, lo que representa una caída del 1,4 %, y en los primeros siete meses de 2024 la tónica se ha mantenido, con otro descenso en valor del 0,9 %.

Sospechamos que esta caída será muy superior en unidades de producto vendidas, y digo “sospechamos” porque la Administración competente ha dejado de ofrecer este dato, que antes se incluía invariablemente en las estadísticas oficiales.

  • Dudas sobre la aportación al PIB

Siguiendo el símil ferroviario del titular, la exportación española se había convertido en una de las locomotoras que tiraban de la economía, y esa locomotora en el momento presente está ralentizando su marcha. Hoy el sector exterior continúa contribuyendo positivamente, a pesar del descenso de las exportaciones de bienes, porque las importaciones disminuyen aún más que las exportaciones.

Por el momento, el buen comportamiento de otros renglones, como la exportación de servicios no turísticos, se ha duplicado en los últimos diez años superando al turismo, alcanzando € 98.000 millones el año pasado. Además, la recuperación del turismo extranjero tras la pandemia está supliendo en parte la atonía de la exportación de bienes. Ahora bien, es previsible que, dado el peso mayoritario de la exportación de bienes sobre el total, de persistir la situación actual el sector exterior no pueda aportar este año al crecimiento del PIB lo que se espera de él.

  • Los principales problemas

¿Cuáles son los principales problemas que afectan a la Exportación española, y cómo podemos contribuir a solucionarlos?

Algunos de ellos están más allá de nuestras posibilidades, como son las guerras comerciales entre potencias económicas como EE. UU y China, o los conflictos bélicos en zonas que amenazan el transporte internacional de mercancías o encarecen los productos petrolíferos y otras materias primas.

Pero otros factores que impactan de manera negativa en nuestra actividad sí podemos eliminarlos, o reducirlos al menos, y yo voy a señalar aquí tres de los más importantes:

  • Excesiva concentración de exportadores

El primero es la excesiva concentración de la exportación española de bienes en muy pocas empresas. Por poner un poco en contexto, a pesar de tener más de dos millones de empresas, España cuenta con apenas 52.000 exportadores regulares y aproximadamente el 66% de las ventas totales se concentran en 1.000 empresas. Esta situación lleva así más de un cuarto de siglo, y cabe atribuirla al insuficiente tamaño de la empresa española, que apenas emplea a cuatro trabajadores de media, magnitud que se multiplican por tres, por ejemplo, para el caso de las empresas alemanas.

Como está demostrado que la vocación exportadora está directamente relacionada con el tamaño, todo aquello que permita el crecimiento de las pymes en España será positivo para el incremento del número de compañías que venden en el exterior.

  • Escasa penetración en mercados de Asia, África y América

El segundo problema es la excesiva concentración de nuestras exportaciones en Europa, continente al que se dirige el 74 % del total vendido en el exterior. Europa es, por lo demás, el único continente con el que tenemos superávit en los intercambios comerciales, superávit que enjuga parcialmente el déficit crónico que presentamos con los demás.

Es especialmente llamativo lo poco que vendemos en el área de Asia-Pacífico que, representando el 40 % del comercio mundial, solamente absorbe el 8 % de nuestras ventas al exterior.

  • Pérdida de competitividad

Por último, cabe señalar la paulatina pérdida de competitividad internacional de nuestro país, como señala el prestigioso IMD Business School. Hemos pasado del puesto 36 en el año 2019 al puesto 40. Esto se explica, entre otras razones, por las subidas impositivas y de cotizaciones sociales y el aumento de la complejidad regulatoria.

Podemos concluir que nuestro sector exterior continúa contribuyendo al bienestar nacional, pero está perdiendo dinamismo y corremos el riesgo de que empeore salvo que se acometan reformas económicas estructurales.

Septiembre de 2024