Entrevista a Tomás González, socio director del Departamento de Expansión de Idom

Estamos inmersos en un proyecto de innovación muy ambicioso para duplicar nuestro tamaño en cinco años

Idom es una empresa de servicios profesionales de consultoría, ingeniería y arquitectura que suma 3000 empleados, 46 oficinas en cuatro continentes y una facturación global de 320 millones de euros. Son unas cifras envidiables, pero la compañía no se conforma con lo logrado en estos 61 años de historia. Tomás González, socio director del Departamento de Expansión de Idom, afirma que están acometiendo un “proyecto muy ambicioso” de innovación para duplicar su tamaño en los próximos cinco años y apunta la necesidad de desarrollar nuevos productos diferenciadores y de ampliar su negocio en regiones como África y el sudeste asiático.

¿Cuál es el origen de Idom?

Idom fue fundada en 1957 por el ingeniero Rafael Escolá en Bilbao. Surgió como una agrupación de profesionales en el ámbito de los servicios profesionales de ingeniería, y los primeros encargos fueron en el sector del acero. Rafael Escolá transmitió desde el principio unos valores que han ido calando en las sucesivas generaciones que trabajamos en Idom: en lo relativo al servicio al cliente, al respeto por los demás, a la necesidad de internacionalización (en la que fue pionero)… Además, fue en esos primeros momentos cuando se estableció conceptualmente el sistema de propiedad de la empresa, que se encuentra exclusivamente en manos de personas que trabajamos en Idom.

¿Cuáles son sus principales líneas de negocio hoy en día?

Idom es una empresa multidisciplinar. Tenemos áreas técnicas que de una manera general podríamos clasificar como dedicadas a la industria y la energía, las infraestructuras, la arquitectura y la consultoría. En algunas de las subáreas, tenemos productos en los que se nos considera una referencia mundial.

¿Podría ponernos algún ejemplo?

Sí, en nuestra división de análisis avanzados (ingeniería no convencional), lo correspondiente al diseño de domos (cúpulas) de telescopios, o de bancos de ensayo para componentes relacionados con la energía eólica. En arquitectura, los espacios deportivos como campos de fútbol. En energía, las centrales de ciclo combinado o las termosolares. En infraestructuras, el diseño integral de líneas de metro o tranvías. En consultoría, el desarrollo de ciudades. En estos ámbitos, competimos a nivel mundial sin complejos con las empresas más importantes de dichos sectores.

Sin embargo, resaltaría el valor de la multidisciplinariedad, porque cada vez son más frecuentes los encargos en los que intervienen varias de nuestras áreas técnicas a un mismo tiempo. Por explicarlo con un ejemplo, en el diseño de una línea de metro pueden y deben convivir arquitectos, ingenieros civiles, de telecomunicación, mecánicos, eléctricos, especialistas medioambientales, de ordenación del territorio, de gestión, seguridad…, que en nuestro caso, aunque provienen de áreas técnicas diferentes, se alinean con un objetivo y forman un equipo cohesionado y de alto rendimiento.

Idom tuvo desde su origen vocación internacional…

Sí, de hecho en los años sesenta ya se realizaban encargos fuera, fundamentalmente en Latinoamérica. Pero posteriormente el mercado español desarrolló una gran demanda que exigió a Idom, quizá por comodidad, ralentizar su presencia en los mercados exteriores hasta los años ochenta, en los que la incorporación de España a la Unión Europea abrió para nosotros unas oportunidades difíciles de visualizar con anterioridad y que nos han colocado en un nivel de exportación que en la actualidad supera el 80% como cifra general, acercándose casi al 100% en algunas de las disciplinas que tocamos.

Para acometer este esfuerzo, el hecho de que la propiedad esté exclusivamente en manos de personas que trabajamos en Idom es algo relevante. Para llegar hasta aquí, hace falta compromiso con la empresa, también con los clientes, para que repitan y sigan confiando en nosotros, en entornos que no siempre son fáciles, y eso se ve desde otra perspectiva cuando sabes que trabajas para ti y para un grupo de compañeros que merecen la pena y que creen en un proyecto común. Estás creando algo de lo que sentirte orgulloso. No quiero quitar valor a la labor que desarrollan magníficos profesionales en otras empresas; pero el hecho de pertenencia hace que veamos las cosas desde una perspectiva que no me atrevo a calificar de peor o mejor, pero desde luego sí que es distinta.

¿En cuántos países están presentes en estos momentos?

En los últimos años hemos trabajamos en 123 países desde 46 oficinas con capacidad productiva y de diseño. Evidentemente, la presencia varía de unos mercados a otros y desde luego todavía exportamos mucho desde España, especialmente el conocimiento más especializado. Pero en Latinoamérica, por poner un ejemplo, tenemos alrededor de 500 personas con oficinas importantes en México, Colombia, Chile, Perú o Brasil. En Europa son destacables, además de las españolas, nuestras oficinas en Portugal, Reino Unido o Polonia, con más de 200 personas, o también las más de 50 que tenemos en Argelia.

¿Hay algún proyecto del que se sienta especialmente orgulloso?

La verdad es que me cuesta decantarme por un proyecto en concreto, ya que todos tienen algo especial, desde el reto técnico que hemos tenido que resolver en algunos casos hasta la relación personal que hemos generado con clientes que se han transformado en amigos. Cierto es que, desde mi responsabilidad en el desarrollo de negocio, los primeros proyectos en un país determinado tienen siempre algo especial, pues son enriquecedores no sólo desde la perspectiva técnica, sino también desde la multiculturalidad que hay que entender para respetarla.

¿Cree que las empresas españolas de ingeniería y arquitectura están bien valoradas en el exterior?

Creo que sí y, de hecho, nos las encontramos en proyectos de gran calado por todo el mundo, con gran éxito especialmente en algunos sectores. Dicho esto, me preocupa el posible desplazamiento de los centros de decisión estratégicos que se puede dar debido a las compras que se han producido en el sector por parte de empresas extranjeras. Esta política de adquisiciones se ha debido precisamente a esa buena imagen que teníamos y tenemos en el exterior. Confío en que dichas compras promuevan un aumento del nivel de nuestra profesión y permitan a nuestros ingenieros y arquitectos formar parte de equipos multiculturales y acometer encargos relevantes. Pero, como decía, me produce un punto de preocupación por la posible pérdida de identidad.

¿Cómo ve el futuro de Idom dentro de diez años?

Aunque estamos contentos y orgullosos de lo acometido hasta la fecha, no somos muy dados a adoptar posturas de confort que pueden convertirse en el principio de una fase decadente. Por ello tenemos planes muy ambiciosos de futuro. Tenemos una visión de duplicar nuestros números en cinco años. Teniendo en cuenta las 3000 personas que aproximadamente conformamos Idom y los 320 millones de euros de facturación, esto puede parecer un sueño y ciertamente lo es, pero un sueño alcanzable basado en planes muy concretos que estamos llevando a cabo. La innovación juega un papel muy importante en nuestro futuro y estamos inmersos en un proyecto muy ambicioso a este respecto que nos ha de permitir una expansión del nivel que hemos enunciado. Queda mucho por hacer. Idom es una ingeniería importante; pero, cuando comparamos dimensiones con otros monstruos del sector a nivel mundial, nos damos cuenta de lo mucho que queda por hacer. Mercados como los del sudeste asiático o África tienen todavía mucho recorrido para nosotros. Debemos tener más productos que nos hagan únicos y mejoren nuestros márgenes. Eso sólo lo lograremos innovando sin descanso. En ello estamos.

En su opinión, ¿los acuerdos de libre comercio de la Unión Europea han favorecido la expansión internacional de Idom?

Creo que todos los acuerdos en general facilitan la expansión internacional. Especialmente en los encargos que últimamente llevamos a cabo, de gran magnitud y complejidad, aspectos como los acuerdos de doble imposición, de libre circulación de personas, fiscalidades especiales, permisos, seguros de cambio, seguros de riesgo-país… —algunos de responsabilidad europea y otros de responsabilidad española— cobran una importancia enorme y pueden ser claves para hacer nuestro trabajo rentable. Estos aspectos antes no eran relevantes, cuando el mercado era fundamentalmente el español o los clientes eran los fondos multilaterales; pero hoy en día, con clientes públicos y privados, cobran una gran relevancia.

La Unión Europea tiene mucho que aportar y, de hecho, el acuerdo que acaba de firmarse con Canadá va a hacer que miremos con una visión radicalmente diferente dicho mercado. Ojalá se siga por ese camino. Hay también una asignatura pendiente, en la que poco a poco se va avanzando aunque queda mucho por hacer: es el reconocimiento de títulos académicos. En los últimos años, algunos países han empezado a reconocer —no de forma automática, pero sí son un cambio de tendencia importante— los títulos españoles provenientes de escuelas concretas. No son asuntos simples, ya que en algunos casos conllevan demanda de reciprocidad…, pero sí se han dado pasos interesantes.

Marzo de 2018